viernes, 20 de agosto de 2010

El Hueco....

El humo sube, las flacas bailan al compás de la música, mis sentidos se dispersan, la noche se alarga, es otro viernes en el hueco solo el destino sabe que se vendrá…


El gordo me cuenta sus cosas al oído aunque sabe que todos lo escuchan, la música no permite intimidades, el alcohol suelta la lengua y ameniza a los concurrentes, el guapo saca a una chica bailar ésta acepta, los cuerpos se mueven, la música los envuelve al igual que el humo, los distingo, Walter se burla con una mímica, todos ríen, mi mente divaga entre la última imagen que recuerda, ella se iba de la mano con él, no lo conozco, no sé cuál es su nombre, solo sé que lo odio por alejar de mí a esa persona, me tomo todo el licor de golpe, esa es la única salida de este laberinto, ella me sonríe, no es por quién yo tomo, pero es bien bonita tal vez más bella que aquella que me atormenta, no lo sé solamente espero que ella se me acerque, coge mi mano y bailamos, no es ella, pero basta para olvidarla por un momento, es una más. La he visto en mis ahora más constantes anocheceres en el billar de la universidad, no voy a mentir es muy bella, su delgados labios, su esbelta figura, sus curvas pronunciadas encantan al caminar, entonces porque solamente quiero beber, la dejo ahora es asunto del gringo, su amiga me sonríe, el mismo proceso que con su amiga, nos miramos corto rato, cuando ponen una canción que requiere un poco más de contacto físico me acerco, ella accede a bailar, la noche toma una imagen más turbia, su cabeza en mi hombro, “ella se arrebata, bata bata ….”, la música me hipnotiza y solo puedo besarla, lo hago, su aliento a licor es tan fuerte como el mío, yo sé que mañana ni siquiera le importara quien esa persona que luego de un poco de danza vulgar cogió entre sus brazos y apretó contra sus labios, rio con ese pensamiento se la dejo al chato, ella ni siquiera nota la diferencia solamente sabe que la está pasando bien, admitámoslo, eso es lo único que nos importa a todos, el espacio es reducido, es el hueco basta con que tengas 2 metros para beber y bailar, veo al Rojo bailar con Isabel, está enamorado, mejor no molestar, le cojo el hombro en señal de buena fe, yo sé que ella no lo quiere solamente quiere pasar el rato al igual que todos, pero dejémoslo, está muy cerca de besarla, ella se empina para juntar sus labios con los de él, yo solo miro sé que mañana yo tendré que consolarlo porque ella solo ve en él una aventura. La caja de cervezas comienza a terminarse, es la sexta, somos muy pocos como para evitar picarnos o eso me parece a mí, siento la mano de cristo mientras me dice al oído, ahí está cholo, con un gesto le digo que se aventure, que yo le ayudaré y sacaré a bailar a la nada agradable amiga que está a su lado, todo sea por el corazón de un amigo, él accede, nos dirigimos hacia ella cuando un chico alto, de porte atlético, tal vez de la selección de futbol, me parece conocido, la abraza y se queda con ella, hasta el fondo hermano, cristo ahoga las penas de la misma forma que los que estamos aquí reunidos, como voy a amanecer con otra mujeeeeeer, repite el estéreo, la música me tortura o eso pienso yo, toma hasta el fondo, flaco, esto es lo que se hace para olvidar los males, dicho sea de paso, esa flaquita está que te mira hace rato, yo la conozco, está en mi clase de análisis político, desde el primer día me pareció simpática, sus ojos picaros me examinan mientras toma el vaso de cerveza que está entre sus finos dedos, su nombre ahora no lo recuerdo, estamos cerca de acabar la octava caja, es el cumpleaños de el “cuy Montoya” es motivo para celebrar y gastar mucho dinero en bebidas, el Loco me sirve demasiado, le reclamo, es para que agarres valor para bailar con la guapa de análisis político, responde, un coro de risa me aturde, lo abrazo sé que solo es una broma, pero que si no me apresuro quedaré lejos de tener alguna posibilidad, ella se acerca casi sin querer, me mira, yo sonrió, ella me roza la mano, el Rojo me empuja, ella me recibe como un paquete que tiran cerca, hola!, su saludo me aturde, hola, consigo responder, el bailar llego casi de inmediato, la ebriedad me dota de una destreza para el baila casi mágica, terminamos cerca de las mochilas, escondidos tras el armario que está en la esquina, siento sus manos por todo mi cuerpo, es el hueco todo puede pasar, le respondo susurrándole al oído cosas obscenas, nos dirigimos al baño, no hay nadie y el camino es oscuro, entramos, la desvisto con mucha destreza, me quita la ropa, el tramite esta completo, hacemos el amor sin importar el hecho de que casi ni nos conocemos, ella me besa, yo beso a alguien más mientras la tengo entre mis brazos, su piel se eriza el momento del orgasmo está cerca, todo termina tan rápido como comenzó, ella necesita tiempo para vestirse, salgo y un grupo de hombres que ni siquiera conozco me felicita, bien chibolo, la mataste, tu si sabes, seguramente fueron testigos auriculares de los gemidos que salían del baño, salgo lo más rápido que puedo de ahí, unas chicas se han unido a mi grupo de amigos tal vez alentadas por el licor gratis o por las ganas de terminar una noche loca con alguno de nosotros, una de ellas se me acerca, yo la conozco, está en alguna clase conmigo no logro recordar cuál, Mole susurra algo a mi oído no logro entender que es lo que me quiere advertir, bailo, Ámbar, la chica con la que estuve hace un rato en el baño me mira, veo como el Rojo prende el puro que Mole ha traído, el olor era penetrante algo repulsivo, tabaco en su más pura expresión, en ese instante alguien me empuja, descifro qué era lo que Mole trató de advertirme, la chica con la que estaba bailando era la enamorada de Zarigüeya, un pandillero que estaba cerca de la famosa “trica”, pero que aún era parte de la universidad, en ese instante recordé todo, ella era su mujer nadie podía tocarla menos un simple mocoso como yo que solo busca olvidar a un amor ahora lejano, la escena es espeluznante a los ojos de cualquiera, Zarigüeya tiene a sus subordinados detrás suyo, mis amigos se enfilan frente a ellos, pastrulos de mierda!, Gritan, maricones mancheros!, respondemos, el enfrentamiento inevitable acontece, el Zarigüeya se lanza sobre mí, la lucha se hace interminable, los demás asistentes al hueco huyen, veo como mis amigos poco a poco comienzan a ganar terreno, Mole aventaja a dos de ellos, es boxeador puede hasta con cinco sin siquiera pensarlo, los demás no se quedan atrás, el Zarigüeya me vencería en una pelea normal, pero está ebrio aun más que yo, logro tirarlo al suelo mis puños se hunden en su rostro, siento el roce de una navaja en mi brazo, el Colibrí otro pandillero se me acerca dispuesto a acabar con mi vida, de pronto el chato rompe con las pocas fuerzas que aún le quedan una botella en su cabeza, cae al instante, el Zarigüeya intenta reponerse, una patada lo deja inconsciente en el piso, Salomón, la seguridad del hueco a comenzado a repartir orden, nos saca a puños, la pandilla del Zarigüeya yace en el piso, mis amigos corren al escuchar la sirenas, un simple conteo y constatamos que nadie se ha quedado entre los caídos del hueco, es una victoria redonda, todos tienen como mínimo un hilo de sangre en la cara, otros se agarran las costillas, pero todos tienen una sonrisa en la cara, comenzamos a caminar en dirección al paradero, no recuerdo a ninguna chica de esta noche, solo a la que mi mente trae una y otra vez, siento el sabor de la sangre en mi boca tal vez procede de mi nariz o de mi boca, no estoy seguro, subo al bus con el Rojo, cogí mi brazo herido por Colibrí, nos reímos, bromeamos, la sangre aun está fresca en mis labios, es otro viernes en la noche, noche fria de invierno, es otra noche de hueco.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La Viuda Simoné

No recuerdo cómo es que termine encamándome con la viuda Simoné, tal vez todo comenzó ese verano que empezó a dictarme clases de piano, las cuales siempre odie, ya que a mi parecer me veía ridículo con 16 años y una estatura que bordeaba los 2 metros tratar de encajar en la minúscula silla, que yo siempre sospeche que mis hermanos ponían a propósito, pero nada de eso importaba cuando llegaba las 5 de la tarde y la veía entrar por la puerta de la cocina con uno de esos vestidos que mostraban sus curvas marcadas; unas piernas bien formadas, que cuando se movían me hipnotizaban; un escote que mostraba unos pechos redondos, no demasiado grandes, sencillamente perfectos y luego de una caminada de pasarela de la cual yo era testigo mudo y seguramente un observador estupefacto se me acercaba y asegurándose de que sus pechos rozaran mi cuerpo me saludaba con un beso en la mejilla y un “hola, Raulito” al oído que me dejaban hecho una masa flotante que se depositaba en la ridícula silla dispuesto a aprender, una de esas tardes en las que estábamos solos en mi casa, sumergidos en la ardua tarea de enseñarle a un troglodita musical el fino arte de tocar el piano, decidimos tomarnos un descanso, el calor dentro de esa biblioteca era inclemente, por lo que generalmente ella me pedía que antes de iniciar las sesiones le trajera un vaso de agua con hielo, mientras ella tomaba yo aprovechaba para volver a mirarla con la misma admiración y curiosidad con la que la miraba cuando entraba a la casa, cuando de pronto me sorprendió en medio de mi observación.


-ves algo que te guste, Raulito?-debió haber notado el pánico en mis ojos y la vergüenza en mis coloradas mejillas por qué se apresuro a contestar su pregunta- no me molesta que me mires.

Y con una naturalidad con la que un mariposa se posa encima de una flor puso su mano en mi pierna, después de ese día no hubo clase en la cual no tuviese su mano recorriendo mi pierna, me excitaba de sobremanera cuando a la vez ponía su cabeza en mi hombro y podía sentir su aliento en mi cuello, este no es el único recuerdo que tengo de aquellas épocas, pero primero trataré de describir mejor a la viuda Simoné antes de que me tachen de enfermo o trastornado.

Mi madre era miembro del club Embajadores de Lima, donde había conocido a Simoné Vílchez, estaban en la misma clase de tenis, casi de inmediato se habían hecho intimas, iban de compras juntas, tenían interminables reuniones de té, lonches, almuerzos, desayunos y cenas en las que en un principio también participaba el señor Arturo Soldano, su difunto esposo, diplomático, inversionista, empresario y millonario sobre todo millonario. El señor Soldano había muerto de un paro cardiaco, estaba solo en casa cuando sucedió la tragedia, pero hasta hoy nadie se explicó por qué no salió a la puerta en busca de ayuda o trato de usar el teléfono, su muerte dejó este saldo: muchas cuentas en el país y en el extranjero, un grupo de amigos muy consternados, unos padres dispuestos a no dejar en el abandono a su hija política y una viuda de 36 años con demasiadas ganas de seguir viviendo, quién podría discutírselo? Ella joven y hermosa, sobre todo eso, hermosa, solo unos meses después de la tragedia comenzaron mis clases de piano, mi madre me lo había rogado, “la pobre necesita distraerse y salir de esa casa tan solitaria, es un acto de mera compasión, tienes que comprenderla Raulito”, yo no la conocía ni mucho menos a su difunto esposo ya que cuando mi madre me comentaba que venía alguna amiga suya yo aprovechaba para salir hasta la hora que ella me dijera que ya se habían ido, por lo que renegaba de tener que consolar a una anciana con la que no tenía nada en común, me atormentaba la idea de tener qué consolarla en mi hombro y escuchar sus viejas historias sobre su finado amor, pero todas las ideas horribles que me había planteado podría haberse comparado con el ángel en vestido que entró por mi puerta esa tarde, no recuerdo haberla visto llorar nunca ni tampoco me hablo jamás de su esposo en esos días y la única cosa que hacía en mi hombro era respirar sacándome de quicio.

La primera insinuación que recuerdo fue cuando una tarde en el club, mientras mis padres y mis hermanos preferían pasar el crepúsculo en la playa recostados en la arena, yo nadaba en la piscina que estaba vacía ya que habíamos ido un día de semana, cuando ya agotado de nadar me recosté en un costado no muy profundo de la piscina, ella apareció, yo estaba de espaldas por lo que no la vi acercarse pensando que sería cualquier otro bañista.

-ya entiendo porque prefieres terminar el día en la piscina, el agua es más relajante – yo había desaparecido totalmente de este mundo, supongo porque nuevamente ella continuo sin que yo dijera nada- sabes Raulito, siempre me he preguntado, por qué no tienes enamorada?.

-no hay nadie que me interese por el momento- logré balbucear ya que el tenerla tan cerca me había puesto más nervioso de lo que pensé y también más… entusiasta.

-ay Raulito, que bueno porque las chicas de tu edad son algo indecisas y tu siendo un chico tan maduro- decía mientras se acercaba- deberías estar con alguien con un poco más de mundo, parece que “una parte de ti” me comprende-En ese instante estaba completamente pegada a mí, y con las manos cada vez mas debajo de mi cintura, abriendo la ropa de baño- ya no eres un niño, deberías tener una mujer que te atiende. Y con la misma rapidez con la que se acerco se fue.

Esa noche mi madre me dijo que Simoné necesitaba ayuda con algunos muebles y que le vendría bien algo de compañía en su casa tan sola. Pasmado, emocionado, totalmente excitado, acepté. No dormí en toda la noche pensando en que podría disfrutar de Simoné yendo y viniendo todo el día en uno de esos vestidos que tan me gustaban, era presa de ataques de angustia traducidas en comezones que no me dejaban pegar los ojos. A la mañana siguiente no esperé a que nadie me levante, a las 8 de la mañana ya estaba en la puerta de la casa de la viuda no quedaba muy lejos de la mia, era grande, casi un palacio era toda una esquina, por fuera guardaba la apariencia de cualquier otra casa de Miraflores de la época, pero al entrar parecía retroceder en el tiempo y detenerse en la época de los primeros años de la república, bellos muebles con finísimos acabados, un comedor y dos salas-era lo mínimo para tanto terreno- una cocina equipada con una mesa en el centro que hacia recordar a las estadounidenses, el segundo piso era igual de ostentoso, tenían 4 habitaciones, 2 estaban clausuradas porque como ella misma decía “son dos cuartos más que limpiar y que nadie va a usar”, el otro era el cuarto de simoné y que alguna vez compartió con su esposo, una cama de dos plazas, como para no perder armonía con toda la casa, adornada con unos diseños en la cabecera y con un especie de velo que lo rodeaba ocupaba casi todo el cuarto, por lo demás, había una mesa de noche, un armario con un espejo que abarcaba toda la dimensión de la cama, supongo que esa sería la diversión del matrimonio Soldano en otras épocas, también había una repisa que tenia un numero exorbitante de zapatos, una tarde llegué a contar 48 pares, el cuarto restante era lo que alguna vez fue la biblioteca del señor soldano, paredes enteras llenas de libros, el difunto era un hombre cultísimo, de una trayectoria intachable, amante de la lectura y adinerado, triste final para una vida tan prometedora. Mi labor comenzaba aquí tenía que clasificar todos los libros y meterlos en cajas, ella ya estaba harta de todo el polvo que atraían esos gruesos tomos, al comienzo solamente era yo y muchas cajas vacías, pero luego entró la viuda a ayudarme, tenía un buzo pegado y un polo de tiras como los que usan para ir al gimnasio, sus curvas me impacientaron tenía que salir de ahí, en ese instante mi cuerpo adolescente me traiciono de una forma vil y muy obvia, yo estaba vestido casi igual un buzo, un polo y una polera, la solución fue la de permanecer sentado, pero ella debe de haberse dado cuenta porque me pidió que le alcanzara una caja, aterrorizado de que si me negaba seria más obvio me apresure a traerla, al darme la vuelta puse la caja a la altura correspondiente para cubrirme y la deje cerca de ella, me senté dándole la espalda cuando de pronto sentí su dulce aliento en mi cuello.

-No tienes de que avergonzarte, Raulito- nuevamente mi timidez e inexperiencia me dejaron mudo, rojo como un tomate agache la cabeza sin verla aun, como ya era costumbre ella continuo- aparte eres bastante “grandecito” para ser tan joven. Sin descaro ni vacilación cogió mi sexo entre sus manos y comenzó con las caricias, presa de mi inexperiencia no me moví, deje que ella recorriera con sus manos y sus labios todo mi cuerpo.

-Estas nervioso, Raulito es tu primera vez? Un chico tan guapo como tú, bueno será mi labor enseñarte-me arrastró hasta el escritorio, nos besamos, casi sin esfuerzo me desnudo y yo a ella, nunca había tenido tantas sensaciones juntas, cada segundo que pasaba el acto se volvía más violento, más carnal, simplemente adictivo para quién jamás ha tenido una experiencia similar, todo terminó con un coro de gritos y gemidos dignos de la ocasión, seguidos por una sensación de calidez inimaginable qué me persigue hasta el dia de hoy.

En ese instante nos interrumpió Próspera, era la chica de la limpieza, joven muy joven, debería ser 2 ó 3 años mayor que yo, guapa, pechos grandes, delgada y unos ojos llenos de inocencia, se quedo petrificada cuando nos vio, cuando la vi solo atiné a buscar mis ropas, Simoné me cogió el brazo y me dijo relájate.

Próspera, quiero que recojas las ropas las lleves a mi cuarto, más tarde- dicho esto salimos a su costado desnudos y ya dentro de su cuarto continuamos con mi adoctrinamiento en las artes amatorias, recuerdo muy bien esa tarde fueron horas y horas de pasión, necesidad y solo de mi parte, amor.

Los encuentros con la viuda comenzaron a hacerse semanales, con la escusa de ahora ir a visitarla y repasar francés con ella, lograba escaparme 3 o 4 veces por semana a la casa perdida en el tiempo y entre las sabanas de esa cama, que hacían pensar en un zar árabe, hacíamos el amor hasta que la luna nos anunciaba el final de nuestro encuentro. Un fin de semana mis padres salieron de viaje y no era raro que mis hermanos salieran a fiestas toda la noche y se aparecieran con el pan, esa noche la pasé en la casa de la viuda, esa noche me dio el arma con la cual me vengaría muchos años después.

-cómo es qué puedes tener tantos lujos y ni siquiera trabajar?- luego de los largos días en que nos amamos, había logrado poder sostener una conversación y no quedarme mudo.

-Arturo tenía mucho dinero, con lo que me dejó puedo vivir mucho tiempo más, pero quieres saber la verdad- se acerco a mi oído y me susurro con la dulzura que solo ella podía- lo maté porque quería más.

La respuesta no me sorprendió siempre lo supuse, Soldano había muerto y si ella lo había hecho mucho mejor ahora yo era el que podía revolcarme con ella a mis anchas, era lo único que me importaba, ahora yo le hacía el amor con eso me bastó para vivir tranquilo muchos años. Durante los siguientes 12 años comencé la universidad y mis padres me dieron un auto, ahora mis visitas a la casa perdida en el algún punto del virreinato eran diarias, tuve enamoradas, pero recuerdo que siempre me decepcionaba en el momento de hacer el amor con ellas, ninguna me llenaba como lo hacía Simoné, comencé a entender que solo con ella podría ser feliz. Finalmente me casé con ella luego de muchos años de pasión a escondidas, mis padres nunca la perdonaron y mis hermanos no me hablaban por considerarme un promiscuo, un loco. En ese momento comencé a deformarme, recuerdo cuando ella me dijo esas palabras tan despreciables, pero que me sonaron como una orden, un deseo, una necesidad de mi amada.

-tu padre tiene mucho dinero, deberíamos hacer algo para que accedas a un poco de él.

-te refieres a algo como lo que tú hiciste con el señor Soldano?-mi rostro transmitía terror, pero mi cabeza ya había comenzado a planearlo. No pienso decirles como lo hice.

Mi padre murió ahogado en su piscina luego de que una borrachera lo llevara hasta el borde donde se golpeo la cabeza para luego descender totalmente inconsciente hasta el fondo, o eso fue lo que dijo el parte policial de un departamento corrupto y pobre. Después de eso siguió quitarle la empresa que durante 25 años mi madre había dirigido y hecho crecer con el sudor de su frente, la mesa directiva comandados por mí decidimos que no era capaz de superar la perdida de mi padre, mi madre murió a los 3 años loca en un manicomio de lima. No volvi a saber de mis 2 hermanos nunca más. Hace poco me entere que uno estaba en Italia y otro en francia no les e hablado desde el funeral de mi madre del cual fui expulsado, si les dijera como es que todas estas cosas no me importaron en lo más mínimo entenderían el grado de control que esa mujer había logrado sobre mí, todo se detuvo el día que esa arpía quiso demostrar que era más lista todavía.

Llegué temprano del trabajo, subí y antes de abrir la puerta escuché los gemidos de simoné no tuve que abrir la puerta para saber lo que pasaba, no dije nada. Me senté en la sala dejé que su amante saliera y una media hora después de que este cruzara la puerta despavorido suponiendo que yo aún no llegaba, subí, cogí la grabadora que guardaba en mi comoda y la deslice por debajo de la almohada, la desperté y le hicé el amor, al finalizar pregunté:

-ahora cuéntame mi amor, lo he sabido durante mucho tiempo, pero ahora quiero que me cuentes como mataste al impotente de Saldano.





La bruja ésa no reparó en detalles pensando que aún era su amante fiel, que jamás la delataría, la grabación junto con unos muy gruesos fajos de billetes que entregué a la policía hicieron que se reabriera la investigación y con toda la frialdad del mundo mandé a mi esposa a la cárcel, pero la grabación no era suficiente pensarán, lo clave del caso fue el testimonio de Próspera, ella misma detallo cómo es qué su patrona había provocado el infarto de su marido con una combinación mortal de aspirinas y analgésicos, y que cuando el episodio se presento le ordenó que no moviera un dedo y qué si no guardaba el secreto ella sería la próxima, se preguntarán porque ella no había hablado hasta ahora, era un chola ricotona, no les voy a mentir poco después de encontrar a esa arpía siéndome infiel comencé a tirarme a la cholita ésta y la convencí para qué me contara toda la verdad y que también se las dijera a los policías, soy un hombre orgulloso alguna vez cegado por la ilusión del amor, pero luego de tanto años viviendo con la viuda Simoné tenía que aprender algunos trucos, no creen?