viernes, 27 de mayo de 2011

24 de mayo

Su respiración me despierta, es calmada y pausada, la ventana muestra un cielo negro sin estrellas ni luna señal que la noche ya ha llegado, faltan unas horas para que mis padres lleguen puedo darme el lujo de verla dormir durante un rato más, paso mi mano por su brazo acariciando su piel intentando recordar el porqué de esta situación, ella abre los ojos y cómo si no le sorprendiera que yo la viera dormir se acurruca en mi pecho intentando volver a dormir.
-me encanta dormir y verte babear cuando me levanto.
-no babeo, solo me dejas algo tarado- las risas son suaves como si no quisiéramos que nos escuchen, jugamos con nuestras manos, le beso la frente mientras ella dibuja algo en mi pecho con sus dedos, el momento siempre se hará eterno hasta que las fuerzas de lo ineludible lleguen a quebrantar la paz de los que se quieren, su celular destruye la unión, ambos sabemos que eso significa movernos lo más rápido posible y salir a la puerta  para que el sonido de los carros no nos delate, ella conversaba por el celular y yo la miraba desde la puerta intentando encontrar algo que me desagrade de ella y solo podía recordar el hecho de su risa, su humor, su cariño, su forma de querer, era algo que nunca había conocido, era distinta a todo y por eso estábamos en el lugar en el que estábamos, ella descalza hablando en el balcón de mi edificio y yo volando al saber que ,sin importar cómo, ella era parte de mí. Ella regresó y me abrazó
-¿podemos quedarnos un rato más?  Tenemos dos horas todavía, luego me acompañas hasta allá, ¿sí?- yo solo asentí.
Entramos y nos recostamos nuevamente en mi cama, escuchábamos Libido, cantábamos, nos reíamos, nos besábamos, nos mirábamos, nos abrazábamos hasta casi dormir, pero esta vez fue mi celular el que quebrantó la tranquilidad.
-Ya vámonos, Sebastián ya es tarde- me arrastró fuera del cuarto antes que pudiera contestar la llamada, cogí mi polera mientras ella terminaba de ponerse la balerina izquierda y tropezarse con todo lo que tenía en frente, salimos riéndonos y empujándonos es esa naturalidad en todo lo que hacemos lo que nos ha vuelto adictos al otro.

Las calles de Magdalena son algo húmedas durante las noches de invierno, obligan a las parejas a andar juntos, de la mano o abrazados siempre y cuando sea para conservar calor, el caminar se vuelve bastante calmado ninguno de los dos quiere llegar al lugar donde nos dirigimos, hemos aprendido a medir el tiempo desde mi casa hasta esa casa tétrica en San Isidro, caminar abrazados por las calles detrás del hospital Larco Herrera, solo porque nos da la gana nos burlamos de los grafitis que están a lo largo de toda la pared del hospital psiquiátrico, tratamos de hacer rimas disparatadas sin ton ni son ridiculizando su “obra maestra” hecha con aerosol e inmortalizado en ladrillos cremas.
-María Alejandra…- ella se detuvo y yo tenía la cara enterrada en la acera
-¿Qué te molesta?
-¿Cómo sabes que algo me molesta?
-acabas de decir mi nombre completo y eso solo pasa cuando estás celoso o triste.
-hablas como si me conocieras
-No vas a comenzar, por favor- me jala hacia ella y reposa sus labios en los míos, es pequeña solo ahora soy consciente cuanto, sus cabellos negros, como la noche invernal que nos oculta, embriagan mi nariz en ese olor característico, indefinido que solo alcanza sentido cuando está cerca de mí, sus ojos me miran hasta el alma me dicen que no malogre el momento, que la estamos pasando bien y que otra vez, eso es lo que en verdad importa.
-Me conoces, sabes cómo soy, sabes que iba a pasar.
-Sí, pero esta es una de las tantas cosas que me encanta de ti, sabes actuar como si el mundo te importara nada, pero cuando algo realmente te gusta, te encanta, lo deseas, es decir “yo”- se apuntó con su dedo índice- No puedes estar tranquilo, detestas el hecho de no tener control sobre eso que crees conocer, tu corazón, eso donde yo estoy presente, bésame de nuevo, bésame porque la noche no es eterna.
-tu poesía aparece de la nada, me calma y me avienta hacia eso que detesto tanto y que tú pareces controlar con total desdén, mi corazón, solo cuando dices eso puedo estar tranquilo solo cuando entiendo que todo es más fácil contigo, entiendo que simplemente me encanta complicarme la vida.
- ¿y qué sería de la vida sin complicaciones, sin dudas, sin no saber qué es lo que viene? admítelo chistoso, somos todo lo que el otro quiere, somos lo incontrolable de la vida, somos las pasiones que existen y se expanden por el mundo, por lo menos tú eres eso que hace que la vida tenga algo de sorpresa, grítalo, grítame que no hay nada en este mundo, nada está escrito y eso hace que me quieras de la forma que lo haces.
-no voy a gritar nada, solo te voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.
La llovizna enfría nuestros cuerpos, interrumpe los besos, caminar y caminar esa es nuestra historia, seguir un rumbo indefinido para que no nos encuentren ni nos delaten, sin dejar huellas ni recuerdos esperando que nuestro rastro se pierda en la noche que quebrantamos, sus dedos acarician mi mano mientras tarareo una canción en inglés, ella lo escucha e intenta seguirla, siempre es así, nos complementamos entendemos a la perfección la mente del otro esperando anticipar y burlarse, todo es fácil.
-¿Y si no llegamos nunca?- pregunta cómo si yo pudiera hacer algo al respecto
-Estamos cerca- intento disimular
-Sabes muy bien a qué me refiero, podríamos seguir así siempre, tú y yo sabiendo que es lo somos
-Cinco minutos atrás casi me golpeas por decirte lo mismo, no comencemos, Male.
-¿Male? me tratas con mucho amor, como se nota que te encantan las cosas cuando puedes dirigirlas
-¿Quieres que te trate mal? Tú diriges mi mente, hace mucho que yo dejé de tener derecho alguno sobre esta, por lo menos podríamos acomodar mejor tu floro para que yo no lo entendiera tan fácilmente.
Estamos en la esquina de la casa sombría de San Isidro, el paseo muere de forma abrupta cuando la realidad muestra el final.
-Explícame algo, Sebastián- me mira como intentando encontrar una señal de debilidad, algo en sus pequeños ojos inquietos leerá mi expresión y sin poder decir más ella tendrá todo lo que quiere- Hoy no hicimos nada, es decir estuvimos en tu casa toda la tarde solos, nadie nos molestó, pero tú….
-Que seamos amantes no significa que tengamos que hacer el amor cada vez que nos vemos, es muy lindo cuando pasa, pero por un día quise saber que sería de nosotros sin ese detalle.
-Dicen que los amantes se aman más entre ellos de lo que aman a sus verdaderas parejas, ¿crees que sea así?
-¿Me amas más que a ese tarado que te está esperando dentro de esa casa?
-¿Me amas más que a esa idiota que vas a visitar luego de que yo entre en esa casa?- sus mirada ahora es desafiante, inquisidora.
-Lo único que importa, cómo tú dices, es que volveremos a estar juntos sin importar lo que hagamos hoy, esa es nuestra forma de vida.
-No tienes ni idea qué fecha estamos hoy, ¿no?
-25 de mayo, hace 4 meses comenzamos esta locura.
-estamos 24, Tarado, hoy es tu “mesario” con aquella cornuda que llamas enamorada.
-No le digas así, ella no tiene la culpa de la confusión que nosotros hemos causado, la verdad a veces pienso que te gusta esto por el morbo que te causa hacerle daño.
-No es eso, es que puede comenzar a sospechar, dejé un peluche en tu casa, antes de ir a verla y decirle que la quieres mucho y festejar otro mes más de relación, cógelo y llévaselo.
-Lindo gesto
-me vas a devolver la plata de ese peluche obviamente, pero quería hacer una última payasada antes de irme.
-¿por qué simplemente no gritas que me amas más que a cualquiera y lo que haces es por hacerme feliz a mí? quiero escuchar esas palabras salir de tu boca, quiero saber que tan comprometida estás en esto, mi amante.
-Te  voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.

viernes, 1 de abril de 2011

EN LA TERMINAL

PARTE I

Recostarme en el gran sillón del local en épocas de novato era peligroso, podía quedarme dormido como un bebe hasta el final de mi turno sin darme cuenta, pero ahora luego de tantas madrugadas había logrado entrenar mi organismo para resistir el aburrimiento y la monotonía del trabajo rutinario, aunque durante los 8 meses que llevaba trabajando jamás me resistí a la tentación de cruzar el pasillo y entrar en la zona de fumadores para matar un poco el tiempo.
Axel, el nuevo, trata de aprender a manejar la caja registradora, es flaco como una escoba, con cabellos lacios que le cubrían la frente, pequeño casi minúsculo y unos ojos de sapo enormes  que completaban su apariencia de renacuajo; a su lado esta Patricia, cabellos morenos, unos ojos claros preciosos que cuando te miraban sentías como todo su cuerpo curvilíneo lograba transmitir energía con solo una mirada, su paciencia llega al límite y hace un gesto con su mano pidiendo socorro, nunca he dudado de su belleza, algo debe haber dentro de mí que no me permite mostrarle más que caricias y besos apasionados, pero nunca amor. Me incorporo, estiro mi uniforme y antes de que pueda dar el primer paso siento su mano aprisionando la mía, escuché su voz, sólo la escuché, necesité que repitiera la frase para dejar de fantasear y entender lo que cantaban sus labios.
-¿Cuánto tiene que pasar para que dejes de tener esa cara de puberto?- maldición esos ojos deben de perder su poder sobre mis extremidades algún día, me quedé quieto- No me digas que no me reconoces, vamos Arturo, no ha pasado tanto tiempo.
-Jimena Castro, algún día cambiaré mi cara de puberto, pero esos dientes de conejo parecen incorregibles en ti. Han pasado muchos …. – no pude terminar la frase
-digamos que ha pasado lo suficiente, ¿a qué hora terminas?, pensé que podríamos tomarnos un café.
-Por supuesto que no, pero te acepto un helado, trabajar en una cafetería termina volviéndote alérgico a esa bebida- era mentira simplemente quería alejarme de mis compañeros, en realidad quería alejarme de este planeta y quedarme con esa chica de mirada tierna, cabellos castaños y sonrisa decorada por el trabajo incompleto de algún odontólogo.
Nos sentamos, ella pidió un helado y yo pedí una hamburguesa, por un instante solo la miraba, trataba de no arruinar el momento con alguna pregunta estúpida o un comentario que acabara con esa calma que se respiraba a su alrededor.
-¿Has dejado de amarme, Arturo?- parece que ella no pensaba lo mismo.
-No, ni un solo día…

…..

-sí, ¿quién es?
-buenos días Doña Lucrecia, soy Arturo.
-ah, sube hijo, Manu está durmiendo.
La puerta de metal se abre y subo hasta el 3 piso, entro en el departamento 304, camino con cautela, abro la puerta del dormitorio de Manuel y le tiro la pelota en la cabeza, el grito de dolor despierta a Gonzalo que duerme en el camarote superior, el hermano mayor de la familia Castro me maldice entre sueños.
-Levántense de una vez, los muchachos nos esperan en la esquina, apúrense que la cancha se llena rápido los domingos, ya saben.
-¿tú no tienes en cuenta la resaca, no?- Gonzalo se revolcaba intentando volver a dormir, jalé las dos sabanas que lo cubrían y fui a la sala a ver televisión mientras se vestían, como ya era costumbre, ella había escuchado mi lucha contra sus hermanos y estaba sentada en la sala con la pijama más provocativa que alguien pueda imaginar.
-Buenos días- se acercó y procurando que yo sintiera todo su cuerpo mientras me besaba me apretó contra ella, la besaba embriagándome con el olor de su cuerpo recién levantado, mi adolescencia estaría marcada por las fantasías creadas durante esos minutos entre que entraba a su casa y salía junto a sus hermanos, nadie nos podía ver, era prohibido, estaba mal, en ese instante todo cambió, ese fue mi error, la acostumbré a lo prohibido, logré que no viera en mí nada más que una sombra, una fantasía que solo vivía en las nacientes mañanas de domingo. Nos separábamos cuando escuchábamos a sus hermanos salir de la habitación.
 El domingo continuaba llegábamos a las canchitas del barrio, eran una seguidilla de losas deportivas algo matadas por el tiempo y animada por la bromas y vivacidad de los jóvenes que la mantenían con vida cada fin de semana, las canchas de San Pedro.
-Tú sabes que ahora a Gonzalo le dicen bajo
-¿Por qué?- preguntaban nuestras voces en coro
- Porque solo acompaña, pero no puntea- las risas eran efusivas, teníamos que matar el tiempo hasta que las canchas se desocuparan, era fácil saber cuál sería la primera en caer; la de los “resaqueados”, era ese grupo eterno e incansable que venía después de unas pocas horas de sueño o directo de la cantina del “Tomate” Aguilar, a dar lastima y  darle uso a los baños malolientes de las canchas, cuando estos terminaban botábamos a los menores que intentaban entrar en la cancha recién despejada con patadas e insultos y jugábamos hasta el mediodía, éramos dos equipos de 5 jugadores cada uno, aunque jugábamos los mismos equipos durante casi 5 años al final los dos equipos casi sin despedirse tomaban rumbos distintos, en mi caso: Manuel, Gonzalo, Chepe, Julio y yo. Al salir me cruzaba con el papá de los Castro, esa era mi segunda señal del domingo, en ese instante me separaba de mi grupo, corría hasta mi casa me bañaba e iba al parque Dos de mayo cerca del mercado, cerca del árbol más torcido del parque sentada con un vestido precioso estaba ella, me recibía con un beso y me recordaba de los pocos minutos con los que contábamos antes que su madre regresara del mercado, fugaz, así éramos, besos con amor y velocidad, éramos pólvora al sol, listos para estallar, éramos la ilusión que jamás se debe perder.

De vuelta en mi casa comía apurado y encontraba a mis amigos en la casa de Chepe, su casa tenía dos pisos y una azotea donde nadie nos molestaba y desde donde podíamos ver nuestro reino, nuestro barrio.
-¿Algún día sabremos a dónde te vas todos los domingos tan rápido y misterioso?- la curiosidad de Julio era entendible llevaba un año haciendo eso, siempre poniendo como escusa, una visita o un mandato de mi madre, tenía que despistar a sus hermanos como sea, solo me quedaba hacer la jugada de siempre.
-Ustedes saben cómo es mi “viejita”, invítenme algo de cerveza, ¿no?- el vaso corría, eran las ventajas de estar en la casa del dueño de la bodega del barrio, nunca faltaba nada. Ya se estaba poniendo el sol y las copas ya habían hecho estragos en nuestros cuerpos, era el momento de las verdades y las bromas, aparté a Manuel a un lado, era mi mejor amigo y a él tenía que responderle.
-Nos vamos a ir a Francia a fin de año- no me dejó decirle nada, me abrazó y me juraba que jamás dejaríamos de ser hermanos, estaba aguantando las ganas de llorar en mi hombro, nos acercamos a los demás y mientras los hermanos nos contaban la historia acerca de cómo su padre consiguió trabajo gracias a un tío que vivía allá, yo solo pensaba en la chica del vestido que me esperaba los domingos, algo dentro de mí se aseguró de nunca olvidar esa imagen.

domingo, 27 de marzo de 2011

"Agua de Coco"


PARTE  I

-¿puedo confiar en ti, Eduardo?- el adolescente que no había tomado en serio la conversación hasta esa instante, dudó.
-Claro que puedes confiar en mí, eres más que mi primo, eres mi hermano.
-Termínate tu cerveza que vamos a caminar un rato.
La noche loretana tiene un calor especial, el aura que rodea a cada uno de sus habitantes la vuelve oscura y tétrica a ojos foráneos, exótica a  ojos  inocentes, y también provechosa para los que saben cómo moverse entre las sombras de la selva peruana.
Dos jóvenes salen de “El perro” un local para beber y pasar el tiempo no muy lejos del malecón de la ciudad de Iquitos, caminan despacio, dejan que el alcohol haga efecto en el resto de su cuerpo, uno de ellos se detiene e increpa al otro.
-Te lo voy a preguntar por última vez, ¿puedo confiar en ti?
-Déjate de cojudeces y dime de una vez que sucede.
- Estoy jodido, primo, todavía no me toca, pero ya me tocará, no me puedo quejar nunca he tenido tanto dinero en mi vida, jamás he estado tan cómodo y a la misma vez, jamás he estado tan asustado.
-todo esto tiene que ver con Samuel, ¿no?
-¿Qué vas a saber tú? Eres solo un ñaño, no sé en qué estoy pensando.
-Son cosas turbias, ningún pelagatos como Samuel tiene la moto que tiene y usa la ropa que usa si no está en drogas o algo parecido, ¿me equivoco?
-Es tan sencillo hablar, ¿no es cierto? Tú no tienes idea de lo que tenemos que ver ni hacer, no puedes hablar de personas que venden su alma por mejores cosas materiales, eres solo un chiquillo engreído.
-Cálmate, Renato, que sabes muy bien que puedo partir.
El mayor de los primos lanza su puño como un balazo contra el rostro de Eduardo mandándolo al suelo, este no duda y se levanta, usando su cuerpo cual ariete derriba a su primo y comienzan un intercambio de llaves, golpes e insultos, la gresca llama la atención de un policía que se acerca y los separa.
-Ya carajo, los dos duermen hoy en el calabo..- Eduardo le conecta un golpe en la nariz y Renato lastima su rodilla, ambos corren hasta que les duelen las piernas y ya están lejos caminando en alguna calle aún sin pavimentar, el menor recupera el aliento.
-Quiero participar, quiero ser parte, no me importa el precio que tenga que pagar, si tú me necesitas no me importa ir al mismo infierno a trabajar contigo.
-Gracias, pero para cuando esto termine, vas a desear mil veces el infierno a trabajar en “Agua de coco”
….

El mediodía norteño, abrazante, La inocencia, manipulable, la pureza, tristemente irrecuperable. La peluquería ubicada cerca de la plaza de armas de Piura, tiene un nombre rimbombante, con fotos de modelos extranjeras en todas las paredes, los espejos que recorren las paredes de extremo a extremo muestran a Susana Belaunde, la dueña del local y l
-Solange, cuéntame, ¿alguna vez te han dicho que podrías ser modelo?
- qué cosas dices, Silvia, soy muy pequeña para compararme con esas chicas de las fotos.
-bueno, yo trabajo con muchas modelos, no acá porque este mercado está lleno de piojosas sin gracia, pero si tú quieres podrías trabajar conmigo.
-tú sabes que tendría que pedirle permiso a mi hermana y eso de salir de la ciudad está bien difícil, no tengo plata ni para hacerme un planchado.
-piénsalo, salimos el viernes, solamente pagas el pasaje de ómnibus y no te preocupas por nada más, imagínate la alegría de tu hermana cuando vea que su pequeña Solange trae un poco para el diario.
La adolescente duda un momento, entierra la mirada en el trabajo de la peluquera que parece olvidar la proposición y se enfrasca nuevamente en su labor de estilista, al terminar la niña camina a lo largo de la plaza de armas y recorre la calle de la marina, dobla un par de esquinas y llega hasta su hogar, su hermana aún no llega, es su tarea preparar el almuerzo con lo poco que hay en la cocina, comienza a picar las verduras y el pollo, “no puedo más”, grita dentro de sí a la vez que deja el cuchillo a un lado, sube a su habitación, introduce la mitad de su cuerpo debajo de su cama y extrae una caja de zapatos vieja, desliza su mano sobre la tapa y se sienta a un lado de la cama con la caja en las piernas comienza a llorar en silencio, los jadeos son cortos y violentos prefiere recostarse y abre la caja, una a una saca las fotografías de una familia feliz, unas niñas con vestido de marinera, una señora recostada al borde una piscina y muchas otros momentos enfrascados en la inmortalidad por alguien en un momento que pensaron se repetiría sin conocer lo cruel del destino y la muerte. Solange coge la maleta marrón maltratada por el tiempo, la única de la casa, mete las pocas prendas que le pertenecen y sin dudarlo cruza la habitación y en una hoja de papel escribe algo al vuelo.

Cansada del trabajo, agobiada por la rutina inclemente del día a día Milagros entra en la casa, coge el plato de comida que Solange a dejado cerca de la hornilla, se detiene por un instante y mira la hoja de papel sobre la cama, la lee por un instante, su corazón se estruja y la manda de espaldas hacia la cama, nueve palabras condenaban el destino de su pequeña hermana, “Voy a buscar un futuro mejor para las dos”.

-¿Qué mierda quieres, Renato?- el hombre detrás del escritorio plagado de papeles y billetes de distinta denominación lo mira esperando una respuesta placentera, el puro en su boca completa su uniforme de hombre de negocios oscuros, podría sacar una pistola y nadie se sorprendería, su cabeza rapada solamente afirman lo indecente de su alma, el hombre regordete se irgue en su silla, mete las manos en los bolsillos y amenaza con los ojos.
-Él es mi primo, Eduardo, es el nuevo “guardia”- Renato no sabe que más decir, le pidieron alguien de 1.80, robusto y con sangre fría, Eduardo solo respondía a los dos primeros adjetivos.
- Es un mocoso, no tiene los huevos para este trabajo, tráeme a alguien que se sepa limpiar el culo.
Los primos dudan un momento, el siguiente movimiento decidió el futuro de ambos, desencadeno los trágicos hechos de ambos, entrego sus almas a un abismo, Eduardo botó todos los papeles que logró mover con su brazo derecho y con el izquierdo clavó una navaja en el escritorio del estereotipo de mafioso enfrente de ellos.
-Tal vez no tengo los huevos necesarios, pero puedo dejarte sin los tuyos.
Enrique, se tira para atrás y pone las manos detrás de su cabeza, lo mira y por unos cuantos minutos su cara no tiene expresión alguna, sus ojos están clavados en el adolescente insolente que acaba de arremeter contra sus papeles, de pronto una sonrisa agrede su rostro, pone su rostro cerca de su agresor y le susurra al oído, “pones los papeles donde estaban y pides tu uniforme con Ramón, tienes lo que se necesita, pero vuelves a hacer una cojudes así y volverás a ser un puberto”, Él más joven de los Cansino obedece y guarda el puñal, se retira con su primo y antes de salir por la puerta agradece la oportunidad.
-Bueno eres un huevón con mucha suerte o Enrique prefiere matarte lentamente, como sea, gracias por todo esto primito.- Renato coge a su primo por el cuello y le aplica una llave, el juego seguía su curso normal hasta que el destino jugó su rol primordial y entregó un poco de vida al recién llegado, un hombre igual de grande que ellos tenía a una chica sujetada por las muñecas, la arrastraba hacia las escaleras al final del pasillo, la chica solo lloraba, pedía su libertad, no era mucho mayor que Eduardo, cosa que lo sacudió hasta la médula, la escena solo duró unos cuantos segundos, después, silencio absoluto entre los primos.
-¿qué rayos hacen acá, Renato?
-esto es un prostíbulo, esto es “Agua de coco”, esto es el infierno, aquí no existen las almas, solo el dinero.
El calor de la noche los abrazó por un instante, el mayor de ellos no podía levantar la vista, su mirada se perdía dentro del piso de material noble, su respiración era acelerada, Eduardo entendía que acababa de vender su alma.

domingo, 13 de febrero de 2011

Retrato de una mente psicópata

“Lo primero que deben saber sobre mí es que soy un asesino, no lo hago porque crea que hago una labor divina ni por un odio xenofóbico, no solamente lo hago por entretenerme, lo considero un arte; lo segundo, escribo esta nota con el único propósito de alcanzar la comprensión, el entendimiento de parte de la gente hacia mi obra, esa es mi obsesión; tercero, no me considero un psicópata, porque un psicópata lo hace por el placer de matar, en cambio para mí, matar es solo un medio para encontrar mi lienzo, es solamente la primera parte de mi obra, luego dibujo con un bisturí ( me gusta considerarlo mi pincel) sobre sus cuerpos inertes lento y pacientemente para conseguir el acabado perfecto en los cortes gracias a su rigidez, ¿lo ven?, es arte no un simple fetiche, no soy otro demente, soy un artista único en mi clase; cuarto he esperado tanto tiempo para mostrar mi colección porque tenía que encontrar los lienzos perfectos, la mayoría de los lienzos de mi colección son mujeres jóvenes que contacte en el gimnasio, la firmeza en los músculos era primordial, pero también hay hombres en mi colección, me pareció importante la variedad, sé que sabrán apreciarlos mis gustos personales jugaron un rol importantísimo en la selección de los mismos.

Es hora de hablarles sobre cómo inicié esto, hace poco menos de 2 años mientras cocinaba al lado de mi pareja le cause un pequeño corte en la mano, al principio no le presté atención pero poco a poco me di cuenta que la cicatriz era uno de los trazos más bellos que había visto, me comencé a obsesionar con la idea y sin darme cuenta durante nuestros encuentros sexuales procuraba hacer una herida en algún lado de su cuerpo, hasta que finalmente sin darme cuenta le había cortado la yugular causándole una hemorragia y la muerte, mientras pensaba en que hacer arrastre el cuerpo hasta el sótano que había sido acondicionado y era un gigantesco congelador donde guardábamos carne y otros alimentos, quien iba a sospechar que ese sería el lugar de mi inspiración, casi de forma impulsiva comencé a dibujar trazos con el mismo cuchillo con el que ataque en primer lugar, al terminar me di cuenta que eso era lo que quería hacer con mi vida, quería ser artista.

No pienso relatar la historia detrás de cada una de mis obras porque les quitaría el misterio, les quitaría el alma, además lo periódicos y la televisión sabrán hacerme buena fama, también sé que ellos contactarán a críticos de arte y poco a poco me ganaré un nombre, algún día viviré para siempre, escucho el sonido de sirenas cada vez con más frecuencia, sé que ya saben de mí, y sin darme cuenta he seguido un patrón, por lo que en cualquier momento deben entrar, algún día viviré para siempre, pero por ahora solo debo terminar de pintar mi obra número 20, es una bella joven, alta, delgada, unos ojos preciosos, lástima que perdieran su luz hubieran enaltecido mi obra final, pero estoy bastante contento, algún día viviré para siempre, hoy tomaré el veneno que está en un vaso cerca mío, solo bastarán 30 segundos para morir, nadie es famoso mientras está vivo,  he colgado mi última obra en la pared, sé que tal vez no me comprendan al principio, pero se tarde o temprano alguien me recordará por esto, y seré inmortal...."

lunes, 22 de noviembre de 2010

Una historia de Polvora y Caballeros - Parte I

Parte 1: La misa del domingo

La misa del domingo en la iglesia de los marianistas tiene un sentido peculiar, el cura, Fray Pascual Matallende tiene un amor por el orden colonial poco convencional, el evangelio esta siempre plagado por citas y comparaciones con la causa española nunca se imaginaria que eso desencadenaría una serie de hechos importantes, pero a la vez olvidados en las crónicas de la independencia del Perú…

-El señor ama éste virreinato, el señor vive en comunión con nosotros porque respetamos un orden, nunca se atrevan a cuestionarlo ya que hacerlo es contradecir la voluntad…- el discurso de Fray Matallende es interrumpido por el ruido inconfundible de disparos en la puerta de la iglesia, luego el sonido de las botas a toda marcha acercándose a la entrada ovalada, de pronto un grupo de jóvenes se levanta de entre los asistentes mientras que una veintena de figuras con sombreros y ponchos que empuñan sables y rifles se forma alrededor de los asientos, tres figuras jóvenes se acercan a dónde el cura estaba dando el evangelio de la semana, el sonido de quejas y personas que intentan tomar represalias contra los revoltosos es acallado en el momento que una de las tres figuras le apunta con su arma al cura, en ese instante todos los asistentes toman asiento y un pequeña brisa helada recorre la nuca de todos, las figuras se quitan los sombreros, solo en ese momento uno puede entender la diferencia de etnias y formas que existen entre ellos, quien apunta la pistola es un indio de rasgos marcados, su piel marrón es impresionante hace recordar a un rostro tallado en madera, no es muy alto, pero su contextura es gruesa, no quisieras encontrarlo por la calle y tener algún problema con él, sus manos son las de un trabajador de toda la vida, una mirada perturbadora llena de resentimiento como si el cura hubiera sido su flagelador desde hace mucho tiempo, la figura del medio es más pequeña que las otras, su piel blanca y ojos claros desentona con la del otro agresor, un criollo a todas luces, su rostro hace pensar más en un filósofo o un estudiante de leyes que en un revoltoso que ataca algo tan sagrado como la misa del domingo, sus ojos son algo que no encajan con el resto de su cuerpo pareciera que fueran la fuente de su poder, de su liderazgo para ordenar a hombres como al indio que está a su lado, deja su rifle y se lo da a la tercera figura, un negro, mucho más alto que los otros dos, pareciera la combinación de ambos, fornido, con un rostro lleno de cicatrices y unos ojos tenebrosos que hacían pensar en un vacio infinito, pero que mostró una docílidad incoherente a su apariencia al coger el arma del criollo, acto seguido este comenzó hablar:
-bueno padre, parece que somos detractores de la voluntad del señor en ese caso – una ola de murmullos recorrió los asientos, luego de un disparo del arma del negro todo volvió a ser la voz del criollo  que con un gesto le pedía paciencia a su mano derecha- por favor les pido paciencia, solamente estamos aquí para anunciar la llegada de un cambio, la llegada de un régimen hecho de los peruanos para los peruanos.
-SACRILEGIO, me decepciona joven Arrué! – un disparo desde el arma del indio zumba al costado del cura y el susto lo manda al suelo
-Padre, yo he crecido escuchando sus discursos sobre un virreinato avalado por Dios, pero quiero decirle que el único gobierno que yo respetaré es el avalado por la razón y la igualdad, dicho esto quiero decirles que una revolución está por llegar y todos los que quieran unírsenos son libres de hacerlo, techo y comida puede faltar, pero una nación libre ha de perdurar, dicho esto nos retiramos con los nuevos reclutas.
Un grupo de jóvenes se levantó y se unió a las filas agrupadas a su alrededor, algunos entre el apoyo de sus familiares y otros entre las miradas acusadoras de familiares y conocidos, todo no hubiera pasado de un simple reclutamiento revolucionario común en épocas de independencia si es que ella no hubiera hecho lo que hizo.
-Sácame la pistola de enfrente, cavernícola- todas las cabezas voltearon a ver la escena, una joven muy bella, de cabellos castaños ondulados,  había golpeado y desarmado a uno de los soldados, que la doblaba en altura, tirándolo al suelo y con el arma de este rápidamente redujo a otro, un disparo desviado por la rápida intervención del criollo no llegó a atravesar el pecho de la joven, pero esta igual soltó el arma y toda la habilidad desapareció al sentir la muerte tan cerca.
- He dicho nada de asesinatos
-lo siento, señor.
-yo me encargo- el criollo se acercó a la joven quien se encontraba cerca de la salida- señorita, por favor explíqueme cuál es la razón de este arranque de cólera
-tus subordinados le apuntan a mi madre, quién ha perdido casi toda la vista y que sus rodillas no le permiten estar parada ni sentada demasiado tiempo, te parece poco ahora también tener el olor de la polvora tan cerca.
-me disculpo, le aseguro que no tenían intención de violentar a tu madre, son ordenes mías  tener vigilados a todos, basta con que hayan dos más como tú capaces de desarmar a dos soldados con tal facilidad y estaría en graves problemas…
-Parece que te has vuelto una mula con mucha habilidad para las disculpas, Arrué- un hombre que estaba sentado al costado de la joven se había puesto de pie- aléjate de él, mi amor, es solo un loco que ahora tiene nuevos amigos de juego.
-Ortega, así que ella es tu prometida- el criollo se quedó observándola un momento, luego sacó su sable y con la misma rapidez lo puso en el cuello de Ortega- esto es por las antiguas deudas, Sioux, Otelo, cárguenla, viene con nosotros- mientras señalaba a la joven.
Las otras dos figuras iníciales respondieron al llamado de su superior, el criollo seguía mirando con una sonrisa enorme a Ortega a quien no le había retirado el sable ni un segundo del cuello.
-señor, por favor apresúrese, los soldados no deben de tardar en llegar al escuchar los disparos- dijo un joven indio al criollo, pero unos ruidos de jadeos y el grito final de dolor del negro desataron los gritos del joven líder revolucionario.
-cómo es posible que no puedan reducir a una mujer?
-Señor Arrué, esta es una fiera- las palabras de su mano derecha retumbarían en la cabeza del criollo durante mucho tiempo ya que la describía de forma simple y concreta.
-Cómo te atreves, negro!- con un movimiento de gacela se libró de las garras de los 2 hombres, que sin exagerar habrían podido tirar al suelo a un toro, y con una rapidez impresionante lanzo su puño partiéndole la boca al fornido mulato.
-es mucha mujer para ti, Ortega- el criollo clavo su sable en la pierna de su antiguo rival, que dio un alarido de dolor muy parecido al de un animal herido, luego volteándose hacia la dama que había corrido a socorrer a su prometido- discúlpeme, señorita- puso un pañuelo, seguramente empapado con algún somnífero, en la cara de la joven que se desmayó al instante.
-eres un cobarde, Arrué, me atacas amenazando a mi prometida, a mi suegra y pones un arma en mi cara, esto es lo qué quieren para el Perú?
-una palabra más, Ortega y te juro que no la vuelves a ver y si quieres hablar de lo qué es honorable, Por qué no les cuentas a todos cómo murió el anterior gobernador?, salúdame a tus padres.
Las figuras se retiraban a toda marcha, había caballos esperando afuera de la iglesia, en ese instante uno podía darse cuenta de que los ponchos marrones y el sombrero ancho eran parte del uniforme, era algo representativo de la causa revolucionaria de la que eran parte, el criollo montado en un caballo hermoso, un pura sangre, seguramente traído de los mejores criaderos del norte, siempre seguido de sus dos oficiales, la joven descansaba ahora en el lomo del caballo de Otelo, sus cabellos ahora relucían con el sol del domingo, un grupo de soldados comenzó a disparar contra ellos, la persecución no duró mucho terminó cuando salieron de la zona más poblada de Huánuco, pero algo dentro de Santiago Arrué no lo dejaba tranquilo sobre Catalina Soria, él no sabía su nombre, no conocía su pasado, a lo mucho había escuchado su tono de voz y conocido su carácter felino, debió sentir algo en ella, algo en esa mirada fuerte y conmovedora que lo doblegó y no lo dejó tranquilo, realmente él hubiera preferido tenerla a su lado, en ese sueño inducido mientras se perdían entre los cerros bañados por el sol, lo realmente perturbador de esos pensamientos es que ni siquiera él sabía la razón de estos hacia su nueva prisionera.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Año Nuevo

Maldita sea esta noche, maldita sea mi suerte, maldita sea ella…
Porque es la noche la testigo de mis peores errores, la testigo de mis tormentos, porque es ella la que recoge cada uno de mis lamentos y lágrimas, porque mi suerte es la causante de todo esto, la causante de mis desgracias, pero más que mi suerte la verdadera causante del dolor y, de que la verdad sea el más letal de los venenos conocidos hasta ahora por la humanidad, es ella, segundos antes de que dieran las doce y de que mi vida cayera en el más profundo abismo imaginable, yo era feliz porque los tenía, porque lamentablemente había aceptado que mi suerte estaba echada y que nada más me podría pasar, hasta que sus palabras abrieron en mi pecho un agujero tan enorme, que sería imposible de sellar.

El comienzo de esto, la verdadera razón por la cual me siento atado y por la cual, aunque sé que no tuve nada que ver, no puedo evitar de pensar que es mi culpa, es el hecho que nada de esto hubiera pasado si no fuese presa de mi ira, si no fuese presa de mis emociones y si no dejara que ellas me dirigieran en los peores momentos, mejor dicho, en los momentos claves de mi vida, talvez esto jamás hubiera pasado si esa noche luego del concierto cuando le grite a voz en cuello que era la peor persona que había conocido y que de seguro estaría revolcándose con cualquiera a la más mínima oportunidad aún siendo consciente que ella sería incapaz ,o bueno lo fue hasta esa noche, aún sabiendo todo eso no me detuve y no pensé ni por un instante el verdadero significado de mis palabras en mi destino, maldito destino.

Ella era hermosa y yo lo sabia, no por el hecho de que mi inseguridad y mis celos no me dejaran andar por la calle con ella tranquilo, lo sabía porque podía estar tardes enteras contemplando su rostro y jamás me cansaría, ni por un instante, de acariciar con mi mano cada uno de los rasgos tan finos de su cara, porque no había forma de ver dentro de sus bellos ojos miel y no perderse aunque lo intentara, aún cuando vi como su expresión se destruía ante mis palabras, no perdía esa magia que me tenía tan enamorado y lo que casi me llevó a la locura en los años posteriores, lamento cada una de esas palabras porque de no haber sido por ellas jamás hubiera pasado.

Pero si me preguntaran si en algún momento me imaginaba la verdad, yo hubiera respondido un temeroso: “tal vez en algún momento me di cuenta”, lo debí haber sabido ese día en que nos reconciliamos, había en el aire algo que me hacía sentir raro, casi perturbado, ella entró en mi casa casi como un rayo y sin dejarme decir siquiera hola, me asaltó y me besó como nunca antes, me besó con algo más que pasión fue casi una necesidad, fue el deseo de estar protegida como ella me confesó años más tarde, e inclusive en su forma de hacer el amor, teníamos ya 5 años cumplidos en junio de ese año y jamás habíamos hecho eso, ella me tomó por el cuello y sin pensarlo nos recostamos en el sillón de mi sala, que por esos años tenia una funda con diseños floreados desde pequeño me encantó esa funda cuando te echabas de lado y veías el inmenso respaldar, daba la sensación de estar viendo de frente una gran colina cubierta de flores, nunca habíamos estado en ese sitio mientras hacíamos el amor, mientras nos amábamos sentí algo extraño, la búsqueda de algo, la impaciencia, pero dentro de todo nunca sentí tanto amor por parte de alguien ni siquiera años más tarde, en mis numerosos intentos por olvidar este hecho, logré que alguien me hiciera sentir tan lleno de vida, como me sentí esa tarde, “nunca volveré a acercarme a nadie más si eso es lo que tu quieres, jamás volveré a ser tan idiota de jugar con nosotros como lo hice, dime lo que tu quieres que haga y yo lo hago, solo te amo a ti, y a nadie más”, me lo dijo con esa melodiosa voz que me hacía sentir como si flotara, “no me digas eso, este mes sin ti me ha hecho darme cuenta, que jamás debí dejar que mis celos llegaran tan lejos, tienes el derecho de hablar con quien se te plazca y que él sienta algo por ti, no significa que tú vayas a caer en su juego, discúlpame todo va a ser distinto a partir de ahora”, lo dije de corazón, estaba dispuesto a recuperarla aceptando cuales quieran que sean sus términos, pero había sido tan fácil, maldito ciego.

Ella había regresado el mismo día que yo no pude más conmigo mismo y me alistaba para tocar su puerta y pedirle que lo intentáramos, “todo será distinto, de eso estoy segura”, después de eso no dijimos más, ella hundió su rostro en mi hombro, y yo me ahogué en su pelo castaño, que era tan largo como un velo de novia, olía como si realmente no pudiera haber nada mejor, podrías haber sido Jean-Baptista y jamás hubieras olido fragancia más encantadora, era todo lo que uno desearía, y lo fue mucho tiempo, lo fue por 5 años que jamás olvide y que hubiera dado todo por recuperar, inclusive le plantee muchas veces un trato al diablo pero al parecer nunca me escucho, nos quedamos echados acariciándonos hasta que fue hora de que la llevara a su casa, mi madre estaba por llegar y la suya no tardaría en llamar para saber porque no estaba en su apartamento que estaba a escasas cuadras de distancia, nos vestimos y salíamos pero antes nos dimos un beso el más profundo que jamás recibí, sus manos estaban en mi pecho y mis brazos la rodeaban por la cintura, fue todo lo que necesité para saber que jamás me apartaría de su lado, o eso fue lo que yo creía.

Recuerdo muy bien esa tarde, me había llamado muy preocupada la noche anterior antes de dormir, habíamos acordado encontrarnos en el malecón que se encontraba a la espalda de mi casa, eran las 5 de la tarde cuando ella llegó, me dijo que lo mejor era que no la recogiera del colegio porque aun no estaba segura, yo accedí, el sol se estaba ocultando, supongo que ya comenzaba el verano no recuerdo muy bien cuanto tiempo me quede mirando el atardecer, las bancas, los jardines y la pequeña cúpula que había en el malecón ni cuanto tiempo hubiera seguido mirándolos si es que su dedo no hubiera movido mi cara en dirección a la suya, “¿Matías, estas bien, me has escuchado?”, ella tenia los ojos llorosos, y un gesto de preocupación, “estoy embarazada Matías, por favor dime algo”, ¿Qué podía decirle?, la noticia me cayo como un baldazo de agua fría tan inesperado como atemorizante, pero aun cuando el miedo me recorrió, cuando el mundo me daba vueltas no dudé ni un instante de su palabra ya que estaba seguro que no me lo diría a menos que estuviera total y completamente segura, así que hice lo que todo hombre hubiera hecho, acepte mi responsabilidad, “entonces vamos a tener un bebe” y una sonrisa fue lo único que pude hacer antes de que ella casi se enterrara dentro de mi pecho bañada en lagrimas, en ese instante no me importó mi reciente ingreso a la universidad, ni tampoco el hecho que ni siquiera había terminado el colegio; solamente importaba que ese niño que ella llevaba en el vientre y ella, debían de estar seguros de ahora en adelante, por el resto de mi vida.

Pasaron los meses y obviamente lo que más recuerdo de esos días fue cuando les contamos a nuestros padres el hecho de que ella estaba embarazada, sus rostros cambiaron de la intriga a la preocupación y luego de la preocupación a la ira y luego a la comprensión, por algún motivo mi padre no dijo ni una sola palabra, solamente al salir de la habitación en la que estábamos los 6, me dijo “yo también me equivoqué, pero pensé haberte enseñado lo suficiente como para que tú no hicieras lo mismo”, era verdad, pero cuando me sentí en un abismo fue cuando mi madre antes de salir me dio un cachetada con el reverso de su mano, había recibido golpes más fuertes, pero nunca con tanta decepción, cuando me voltee para recibir el golpe de gracia de parte del padre de ella me sorprendió la mayor muestra de amor que una persona haya visto, ella estaba abrazada por; la señora Marta, una señora impecable la mejor madre que alguien hubiera podido tener, era casi como una amiga aunque aplicaba el rigor necesario, en los 3 años de relación que tuve con su hija, ella evito por todos los medios necesarios que yo me sintiera incomodo, de lejos una de las mejores personas que conocí a lo largo de mi vida; y por su padre el señor Víctor, había conocido todas las historias sobre él y siempre había pensado las peores cosas, pero si alguien hubiera visto la escena podría darse cuenta que solamente fue victima de un destino tan cruel como el mío, si me lo preguntasen ahora, lo admiro por nunca haberse dejado vencer y enseñarle lo mismo a ella, estaba parado mirándolos, él se paró y se acercó, creí por un momento que se me había acabado la suerte, pero era ilógico mi suerte había terminado hace mucho, y el pavor de ver su inmensa humanidad estirarse en dirección no ayudó mucho a mis nervios, pero cuando don Víctor me abrazó y me dijo “en este momento me has demostrado, que mi hija se equivocó al traicionar nuestra confianza, pero no al depositar la suya en ti, eres un hombre, y no, por no haber corrido ante la idea, sino porque solo un hombre sabe que cuando tu hijo te necesita, aunque tú propia sangre te dé la espalda, tú no debes dársela a él”, me quede en blanco durante 2 segundos y luego le devolví el abrazo y me acerque a ella, su mano estaba fría, “no puedo dejar que ellos te abandonen, ellos son tu sangre, son tu familia..” en ese instante le di un beso en los labios y le dije susurrando “a partir de hoy nosotros somos una nueva familia”.

Los meses siguientes me había mudado a su pequeño apartamento, lo cual no representaba un cambio tan traumático debido a la cercanía, mis padres no me habían botado de la casa, pero yo decidí irme para apoyarla en todo lo que pudiese durante los siguientes meses, mi cumpleaños llegó como siempre a mediados de agosto, no recuerdo muy bien cuantos saludos recibí ni cuantos llamados para saber dónde me había metido, la verdad nada me importaba más que cuidarla a ella, seguíamos yendo al colegio, todos sabían que habíamos ingresado a la universidad al igual que muchos amigos nuestros, pero lo que en verdad importaba era el rumor acerca del embarazo lo cual fue admitido casi a la fuerza cuando no pudimos ocultar más el abultado vientre, nadie nos miró mal, nadie nos dijo nada negativo ni burlón solamente nos abrazaron y nos decían “no imagino mejores padres para un niño” “felicitaciones” e inclusive cuando caminábamos cerca del colegio con nuestros amigos bromeaban acerca de quiénes serían los padrinos, debí haberme dado cuenta de cierto detalle, ella jamás me miraba a la cara durante esos meses, solamente cuando nos acostábamos me dedicaba una mirada cargada de amor, además en ella albergaba algo que yo no comprendía, varias veces la encontré llorando en la noche, yo lloraba también y le susurraba al oído que me disculpara por hacerle eso, pero ella respondía mirándome a los ojos repitiendo una y otra vez “discúlpame tú”, mis padres seguían pagándome el colegio porque decían que seria lo ultimo que recibiría de ellos, bueno en parte fue verdad.

Terminamos la secundaria y ya eran 4 meses, era casi un suceso y acudimos a nuestro baile promoción, el vientre era aún más notorio pero ella seguía siendo hermosa eso nadie lo podía negar, y la verdad jamás me sentí mejor aún sabiendo todas las cosas que tendría que sacrificar estaba feliz, pasamos navidad con su familia, eran encantadores, simplemente una familia unida y feliz como la fue la mía en algún momento, antes de que mi abuelo falleciera y todos se arrancaran los ojos y mandaran al tacho todos los valores que ese gran hombre les había inculcado, fue una noche feliz todos estábamos reunidos, disfrutando, me habían recibido como un hijo más y nadie te miraba esperando que hicieras algo para sacarte del circulo selecto de con los que te debías sentar en la familia, era distinto a todo lo que había vivido siempre, eran felices siendo quienes eran y fue algo tan hermoso que está entre los mis mejores recuerdos, luego antes que llegaran las 12 pedí la atención de todos, y sin pensarlo 2 veces me arrodillé en frente de esa bella persona y le pedí que se casara conmigo, ella me besó y me dijo que sí, todo lo que recuerdo después fue cantidades inmensas de familiares felicitándome y diciéndome que ella tenía más suerte que muchas de sus hijas, después solo sentí que paseaba sobre las nubes y nada podría parar esto, maldito crédulo

Pero todo se acabó demasiado pronto, pasó solamente una semana para que ella no pudiera más con la verdad, eran aproximadamente las 10 de la noche cuando me acerque a ella que estaba sentada viendo por el balcón desde el sillón hacia el vació, me arrodille y le puse un brazalete alrededor de su muñeca, ella preguntó “¿qué es esto?”, “es el brazalete que mi abuelo le regalo a mi abuela el día de su boda, me hizo prometer antes de morir que cuando alguien sea la indicada se lo daría, y de esa forma él cuidaría a esa persona siempre, quiero que lo uses todos y cada uno de los días en los que me ames y de esa forma sabré que todo lo que vamos a afrontar de ahora en adelante, lo haremos juntos”, la verdad, no pudo más dentro de su pecho y entre lagrimas y gemidos me confesó la verdad, ese cerdo, la basura que había hecho que termináramos era el verdadero padre, ella había estado demasiado confundida y había caído ante las insinuaciones de él, y como ella misma me confesó nunca estuvo consciente de lo que hizo hasta que ya era demasiado tarde, Claudio, era el nombre de esa porquería de persona, había logrado que yo perdiera los papeles y le dijera cosas tan horribles como para que ella cayera en sus garras, él había salido del colegio hacia ya 2 años, pero eso nunca le importó y nunca nos dejó tranquilos, por eso es que jamás aprobé su amistad y por eso es que él siempre tuvo mis celos a su favor hasta conseguir lo que siempre quiso.

Solamente pude quedarme quieto y no decir una sola palabra mienta ella me contaba que me amaba y por eso había inventado todo acerca de mi paternidad, no quería que me fuera, no por el hecho de quedarse sola, sino porque quería armar una familia conmigo tal y como yo había dicho desde que me había mudado con ella, pero yo ya no escuchaba solo trataba de cuadrar cuentas y me daba cuenta que el vientre, aun para ser 5 meses, era demasiado abultado y era verdad, habíamos regresado un 30 de junio de nuestro viaje de promoción y un 30 es cuando yo perdí los papeles y dije todas esas idioteces, y luego un día después del incidente, como ella me narró, había sucedido esa aberración, luego un mes después ella apareció en la puerta de mi casa y finalmente dos semanas después ella me confiesa mi supuesta paternidad, había caído; pero yo nunca pude verlo venir, jamás la creí capaz, porque esa persona no era de la que me había enamorado, no era mi Silvana.

“por favor no te vayas” gritaba entre gemidos, “no puedo quedarme y criar a la aberración que hay en tu vientre Silvana, yo te odio y te odio como jamás pensé odiar a nadie en mi vida, eres sucia y solo tú sabes cuánto daño me pudiste haber hecho, no es el hecho que haya dejado todo atrás, sino porque me mentiste y decidiste que querías a otro para ser el padre de aquella criatura que en algún momento fue razón de mi existencia, lo lamento pero no puedo estar aquí ni un segundo más, tu olor ya no es de rosas sino un olor toxico, contaminado, impuro, eras todo lo que quería Silvi, ¿por qué lo arruinaste?…” en ese instante atravesé la puerta, me tambalee por las escaleras, podía escuchar como todos hacían el conteo, era realmente irritante, antes de escuchar el 3 yo ya estaba en el malecón, había arrojado de ira, impotencia y tristeza simplemente no lo podía creer había sido un tonto. Maldito distraído

No sé cuánto tiempo me llevó ni de dónde llegaron, pero para cuando me di cuenta estaba bañado en sangre y sosteniendo ese puñal ensangrentado, alguien gritaba, no estoy muy seguro que decía pero podía ver como se llevaba la mano al ojo, en ese instante me di cuenta que había asesinado a su compañero y sin darme cuenta le había arrancado el ojo a él como si se tratara de una chapa, habían sido 8 puñaladas las cuales había distribuido entre el pecho, el estomago y el rostro, cogí el cuchillo y cuando me disponía a hacer lo mismo con el ladrón, ahora tuerto, una mujer gritó desesperada, sus gritos se perdieron entre el estruendo de los cohetes, pero yo lo recuerdo bastante bien, solo pude correr y correr, sentado en el barranco del malecón, lancé el cuchillo lo mas lejos que pude en dirección al mar, en ese instante lo comprendí, no asesiné a los ladrones por el hecho de salvarme, los asesiné porque por un instante me di cuenta como me habían visto, acabado al borde del suicidio, lo había pensado estaba a punto de saltar, aunque no sé durante cuánto tiempo lo estuve pensando, cuándo me atacaron, no lograron hacerme daño, sabia muy bien como defenderme inclusive frente a un cuchillo, creo que hasta que deje de escuchar el ruido, había querido que me hicieran daño y morir como un vil asesino, allí callado sin que nadie se diera cuenta, pero no era lo que de verdad quería, lo que de verdad quería había resultado no ser mío, ser el error de personas ajenas, y que me cargaron sus equivocación y me hicieron sentir que había decepcionado a todas y cada una de las personas que había conocido, los odiaba, pero por más que lo intentaba no lograba odiarlo a él, era el hecho que me había acostumbrado a pensar en él como la persona a la cual le dedicaría horas y de la que jamás me cansaría, lo que de verdad quería era a mi hijo.
Maldita sea esta noche, maldita sea mi suerte, malditos sean ellos por darme una razón para seguir vivo…

jueves, 14 de octubre de 2010

Cuento sobre un mal de amores

Por un momento me detengo en medio del puente, observo la inmensidad del mar y la rendición del sol hacia sus olas, va desapareciendo de forma feroz y cautelosa, un constante derramamiento de energía mientras se esconde para dejar una oscuridad inmensa, mis pensamientos varían entre una serie de anécdotas, cumpleaños, aniversarios, sueños inconclusos, cuando de pronto puedo ser consciente de que ya deben ser las 8 de la noche, ha pasado más de 3 horas desde que detuve mi rutina de ejercicios hipnotizado por el mar miraflorino, ahora entiendo porque pusieron la seguridad extra en cada lado del puente la hermosura de estos atardeceres podrían hacer que cualquiera que se acercara al malecón balta se diera cuenta de lo irrelevante de su vida y tomara la fatídica decisión de saltar, realmente un sabio quien haya decidido poner “los anti-suicidas”, por un momento detuve mi mente y yo también se lo agradecí, en ese instante sentí como una mano me separaba del borde.
-sea quien sea, no vale la pena joven- era un hombre de edad, un señor con unos 65 años de edad, la edad le había pasado la factura con una serie de arrugas y canas,  vestía un buzo y detrás de él estaba una señora de la misma edad deduje de inmediato que debía ser su esposa.
-no se preocupe, señor, no estaba pensando en saltar, tal vez intente algo menos común- intenté dibujar una sonrisa
-no hables así, jovencito, la vida tiene muchas caras como para no disfrutarlas todas-la señora era más joven que el señor ahora que podía verla un poco más de cerca, tenía el pelo amarrado en una cola de caballo, también vestía un buzo y zapatillas, su rostro tenía algo que me tranquilizó y me distrajo de la vergonzosa situación en la que me encontraba
-como le repito señora, le agradezco su preocupación y le prometo que no intentaré un salto tan arriesgado ni ninguna otra clase de locura, estoy….    Bien- nuevamente intenté una sonrisa mal dibujada, la señora hizo un gesto de desagrado y se apresuró a interrogarme
-¿cuál es tu nombre?
-¿mi nombre? -dudé- me llamo Tomas
-bueno Tomas, yo soy Clara y él es mi esposo Fernando, me gustaría saber qué es lo que tiene tan triste, no es la primera vez que te vemos observar el atardecer, este debe ser el quinto día seguido, sino me equivoco.
No pude evitar el gesto de sorpresa ya que esa era exactamente la cantidad de días que llevaba viniendo a observar el atardecer, no desde tan temprano como hoy, pero era verdad ya era el quinto día de silenciosa observación al atardecer.
-jajaja, no te asustes muchacho, llevamos unos 35 años viniendo a correr al malecón lo más normal del mundo es que conozcamos a todos los que corren por aquí, el verte parado nos fue muy raro, pero ahora que puedo verte de cerca ni siquiera tengo que preguntar qué es lo te aflige, es el amor, el amor es lo que te tiene tan triste, disculpa mi indiscreción, Tomas, pero conozco muy bien tu mirada yo mismo alguna vez la tuve, pero esto no es la solución.
-disculpa a mi esposo, es obvio que todo no pasa de una desilusión, ¿no es cierto?
No dije una palabra, una ola de dolor me cortó la lengua momentáneamente
-mira Tomas- dijo Fernando mientras ponía su mano sobre mi hombro- ¿por qué no vienes a cenar con nosotros?- sacó una tarjeta y me la dio
-discúlpenme, pero yo vivo con alguien y dividimos el gasto de la cena entre los 2.
-bueno entonces jovencito tráelo también a él, los invitamos a ambos y no aceptamos un no por respuesta, siempre es un gusto hablar con un muchacho tan educado, te esperamos.
Ni bien terminaron, los dos emprendieron nuevamente la marcha como si fueran una sola persona, cruzaron la pista para perderse al doblar la esquina, agaché la cabeza, miré la hora y con paso acelerado me puse en marcha hacia mi casa.




Me detuve unos minutos frente a la puerta de mi apartamento, sostenía la tarjeta que me entregó Fernando, casi estaba seguro que la tiraría a la basura apenas entrara, pero hubo algo que me hizo guardarla, ni siquiera había dado el segundo paso dentro del apartamento cuando escuche los gritos de verónica.
-TOMAS, ESTOY APUNTO DE DESVANECERME, ¿puedes explicarme porque te has demorado tanto?
No piensen mal, verónica, es solo una gran amiga, la conozco desde la universidad, es un espíritu libre, su visión de la vida va más allá de lo que uno imagina, detrás de unos modales impecables y una conversación interesante está una chica que piensa en el mundo como algo a lo que uno se debe enfrentar, es común escucharla sobre sus criticas acerca de los usos y costumbres de una lima conservadora, intolerante e ignorante, me entretengo intentado sacándole argumentos y podemos discutir durante horas sin llegar a una conclusión, pero siempre terminando con un beso de parte mía o de ella en la frente diciendo: “ya, ya, ya, nunca vamos a llegar a un acuerdo realmente”, no somos muy distintos, nuestro pasado tenía tan poco en común y pensándolo bien el vivir juntos ha sido la mejor decisión que hemos hecho en nuestras cortas vidas, nuestra relación con nuestros padres era insostenible, los amamos, pero no era sano que nos quedáramos viviendo en la casa de ellos más tiempo, repartíamos los gastos de todo, la comida, las cuentas, las familias se conocían cual pareja de enamorados, pero éramos lo más cercano a hermanos que habíamos tenido así que siempre se desechó esa idea, ya vivíamos juntos durante siete años, habíamos logrado una simbiosis envidiable, me escuchó atenta sosteniendo una taza de café entre sus largos dedos, cuando concluí mi relato sobre la pareja de ancianos, ella sentenció con una alegría y vivacidad características.
-Ay, me hubieras llamado y ya hubiera estado cambiada para cuando llegaras para salir con las mismas, bueno báñate tú también que nos han invitado a comer, ¿sabes?, si nos invitaran a comer cada vez que terminas con esa tarada y pones ojos de borrego ¡oye no gastaríamos nada en comida!- le lancé un cojín que se estrelló con la puerta del baño.

….

Verónica era una chica como pocas, poco tiempo en la ducha, poco tiempo en su cuarto daban como resultado una mujer esbelta, unos rulos que cubrían su rostro de rasgos finos, unos ojos juguetones y una vestimenta digna de la ocasión, alguna vez había sentido una envidia sana por la suerte de alguna pareja suya, aunque realmente lo único que me diferenciaba de ellos eran los beneficios amatorios, su orden era lo que mantenía el apartamento en pie, desde hace mucho que éramos consientes que aunque repartiéramos los gastos a la mitad mi sueldo superaba al suyo en mucho así que ella era la encargada de administrarlo todo en la casa, inclusive regalos y tarjetas para familiares míos en ocasiones olvidados, esta noche no fue la excepción, ella tuvo la idea de llevar una botella de vino en agradecimiento a la invitación, jamás se me hubiera ocurrido.
No sufrimos en encontrar la dirección, quedaba cerca de nuestro departamento enfrente del club terrazas, la casa se encontraba entre un par de edificios que la hacían ver más pequeña de lo que era realmente, yo dudaba en si tocar el timbre o regresarnos por donde vinimos, estuvimos parados unos minutos afuera estudiando nuestras opciones.
-bueno, Tomas, yo me muero de hambre, me he vestido para la ocasión, y los tacos van a comenzar a hacer efecto, tú decides.
- si me tratas así, obviamente es común que todos piensen que somos marido y mujer.-nos reímos en voz alta durante un rato al recordar un chiste privado, de pronto la puerta de la casa se abrió, Fernando, quien vestía camisa y pantalón de dril, sostenía lo que parecía un cigarrillo en la mano nos invitó a pasar; dentro, la casa estaba llena de fotos, la mayoría eran imágenes de la pareja en lugares exóticos, con gente famosa de la farándula local e internacional, en una zona un poco más alejada de la sala estaban las fotos con políticos controversiales, Verónica encontró una foto que llamó su atención, era una en la que se veía a la pareja junto al director general de Greenpeace al cual ella admiraba desde hace años, la sostuvo durante un rato, yo me entretuve con un elefante blanco que estaba en el medio de la sala sobre un mesa de vidrio, Fernando había bajado por unas escaleras apenas nos invitó a pasar, Clara entró con una olla humeante y se detuvo al vernos tan entretenidos con la decoración.
- Fernando, apúrate que los bebes van a romper algo pensando que son juguetes- se rió y continuó su camino hacia el comedor donde depositó la olla, me ofrecí a ayudarla con la mesa, ella accedió, ya dentro de la cocina elogió la belleza de Verónica y mi buen gusto, yo negué entre sonrisas la suposición, luego de siete años de convivencia te acostumbras a esa clase de deducciones, nos sentamos en una mesa grande pero adecuada para los cuatro, era un esquicito arroz con pato, discutimos acerca de temas diversos como donde estudiamos, en que trabajábamos, que nos parecía el gobierno actual, hasta que de pronto Fernando, como si ya no pudiera más, preguntó:
-bueno, puedes explicarme si es que ustedes nos son pareja, ¿por qué rayos estas tan triste si vives con una chica tan despampanante? O es que acaso ¿el guardar tus sentimientos es lo que te tiene de esa forma? Hijo, explícame, me mata la intriga.
Las risas fueron fuertes y efusivas, Clara cogió la mano de su esposo y le dijo al oído, “solo son amigos” y luego dirigiéndose hacia nosotros nos preguntó, ¿podrías explicarnos quién es la razón de tu dolor?, hubo un largo silencio, Verónica entrelazo su mano con la mía y recostó su cabeza en mi hombro, tomé una bocanada de aire y comencé:
- hace una semana terminé una relación de 4 años y medio con una chica que conozco desde la infancia, no recuerdo un solo momento de mi vida en el que no hubiera sentido por lo menos un poco de atracción hacia ella, cuando tenía unos 16 años aproximadamente me declaré…

….

Recuerdo cuando ella me dijo que ella también sentía algo, pero que su padre le había prohibido tener cualquier tipo de contacto con los chicos hasta los 18, le propuse ser enamorados en secreto ella se negó, su respeto y amor por su padre la llevó a ni siquiera pensar en mi propuesta, decidimos esperar el tiempo que fuera necesario, pero durante el transcurso de los años nos alejamos, yo ingresé a la universidad y un mundo se abrió ante mí,  conocí a muchas personas y el recuerdo de esta chica me retorcía el estomago debido a la fidelidad a mi parecer tonta hacia la promesa con sus padres, entablé una relación con otra persona, me cansé de esperar a esa chica que jamás tendría el valor de tomar un riesgo por mí, con esta nueva chica, Sandra, apareció no solo una parte de Lima y del mundo nocturno que no conocía, sino también una parte de mí mismo que nunca pensé encontrar, fueron 2 años de locuras a su lado, borracheras, noches de fiesta, sexo sin control, viajes que se decidían ese mismo día, mi vida paso muy rápido durante esos dos primeros años de universidad, pero nunca me olvidé de la chica de la que hablé al comienzo, hablaba ocasionalmente con ella, lo que realmente me atrajo de Sandra fue que no le tenía miedo a nada ni a nadie vivía la vida al máximo, compensaba la especie de celibato que había llevado durante esos dos años de espera, luego de esos dos años de relación en el momento en que nos iba mejor que nunca decidí terminar, me sentía vacio, decidí regresar donde la chica de la que hablé al principio y cuando doblé la esquina de su casa la vi junto a quien debía ser su enamorado, abrazada de él, sus labios danzaban, era más bien un ataque por parte de él, no volví a hablarle, el dolor me carcomió mucho tiempo, las juergas y las aventuras de una noche continuaron, trataba de ahogar el dolor. Pero todo cambió el cuarto año de mi carrera, ese año conocí a Carolina, era lo opuesto a Sandra, pero a la vez era diferente a la primera chica, tenía una visión de la vida muy tierna, siempre afrontaba los problemas con una sonrisa, nunca dejaba que la vieran triste, adoraba tener tiempo para ella, no le importaba mucho lo que los otros opinaran, pero su opinión siempre tenía algo mordaz, sin ánimo de idolatrarla, era digna de ser escuchada, apegada a sus ideas, me cautivó y logró animarme durante un tiempo, estuve 3 años con ella, mi vida bajó mucho de revoluciones, mis fines de semana antes plagados de fiestas y drogas, cambiaron a salidas al cine, al teatro o simplemente caminar por la playa, recobré el amor por esa vida tranquila y sana, por describirla de alguna manera, que alguna vez tuve, durante los siguientes años todo fue una rutina agradable y pacífica, hasta que un buen día simplemente me harté, exploté, estaba asqueado de ella, algo en su forma hipócrita de ver el mundo siempre me ató. Ella fue la forma de redimir mis pecados durante esos dos años con Sandra, pensé que estando con ella curaría el dolor por mi primer amor, pero no fue así, recuerdo que estábamos sentados en el mueble de su sala y luego de escuchar su opinión sobre un amigo en común simplemente no pude más, me levanté, caminé hasta la puerta, salí casi corriendo, recuerdo que decía algo mientras me iba, nunca supe que fue, esa fue la última vez que la vi.
Dudé un instante en continuar, verónica escuchaba mi monologo, el cual conocía de memoria ya que había sido fiel testigo de él, el matrimonio había prendido un cigarrillo de marihuana, se tomaban de la mano con ternura, me miraban ansiosos como si esperaran algo de más mí ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué les estaba contando la historia de mi vida a este par de extraños a los que solo conocía desde hace unas pocas horas atrás?, algo en los ojos de Fernando me hizo continuar, era la mirada de un padre preocupado mientras su hijo le cuenta su travesura del día. Bajé la mirada hacia los cabellos de verónica y seguí:

Después de terminar con Carolina no fui inmediatamente corriendo a los brazos de la chica de la que hablé al principio, pero tengo que admitir que no la había olvidado ni por un día durante todo ese tiempo, aunque no hubiera hablado con ella desde la tarde en que la vi en los brazos de su enamorado, entendí que no era sana tal pasión, decidí estar solo durante un tiempo, pero nunca lo estuve, el recuerdo de ella, de aquellos días mientras éramos unos adolescentes me seguían desde que amanecía hasta que me acostaba, ese año me mudé con Verónica, la convivencia siempre ha sido fácil, se podría decir que hasta nos complementamos, pero siempre hubo algo dentro de mí que me arrastraba hacia un hueco enorme en el medio de mi cama, era un vacio como si algo estuviera faltando, como si algo estuviera pendiente en mi vida, fueron 2 años de vivir en un estado vegetativo.
Volví a detenerme, en ese instante, Verónica ensayó un suspiro, tal vez recordando cómo fueron esos años, ella siempre me comprendió y trató de ayudarme, pero había una línea que no traspasaba porque sabía que si yo no la superaba solo nadie lo iba hacer por mí, el humo nos rodeaba supongo que ya estaba un poco “horneado” cuando comencé con la ultima parte del relato.
Justo cuando estaba a punto de resignarme a vivir entre los pensamientos y recuerdos de un pasado que jamás fue, me la encontré una noche, estaba con Verónica y un grupo de amigos en un bar de la molina, yo no me había percatado, pero al parecer había una chica en la barra que me observaba hacia ya buen rato, no le tomé importancia hasta que una amiga me dijo que la chica se acercaba hacia nosotros, se abrió paso entre el grupo que estaba reunido cerca mío y sin importarle lo ilógico de su reacción, me abrazó, la envolví con mis brazos, había soñado tanto con un momento así que por un instante pensé que estaba dentro de otra fantasía, nos quedamos hablando toda la noche, nos separamos de nuestro grupo de amigos, cuando nos dimos cuenta eran las 6 de la mañana y solo quedaban unas pocas personas en el local, la acompañé hasta su casa aun vivía donde siempre, me pidió que me fuera porque nunca había regresado tan tarde a su casa, me negué y le dije que no me iría porque no soportaría volver a dejarla, la tomé entre mis brazos y la besé, sabía que me arriesgaba a una cachetada y efectivamente, la recibí, pero no me importó y la volví a besar, esta vez ella siguió mis labios, puso sus brazos sobre mi cuello y nos quedamos allí un largo rato, la dulce temperatura del amanecer nos envolvía, cuando escuchamos el sonido de su puerta nos separamos cual chiquillos asustados “Tomas, que gusto volver a verte hijo, mucho tiempo sin verte, ay me hubieras avisado que estabas con él, hijita, pero pasen como quien conversamos” su padre nos sorprendió, yo esperaba dentro de mí una reacción de esa clase, nuestros padres habían servido juntos en Ayacucho durante la década del 80, eran viejos amigos. Conversamos de todo,  me preguntó sobre mi carrera, sobre mi familia, en realidad parecía una charla de dos viejos amigos más que cualquier otra cosa, Cecilia, había estado a mi lado todo el tiempo mientras tomábamos desayuno, nos reíamos los 4, su mamá se nos unió al poco rato, cuando eran las 10 de la mañana, Verónica me comenzó a llamar desesperada porque me había desaparecido y no daba señales de vida.
-          Ojala te hubiera pepeado y dejado calato en la costa verde, hubiera sido mejor que verte regresar con esa cara de descerebrado.- Vero alzó la cabeza y dibujó una sonrisita burlona luego hizo un gesto invitándome a continuar
Bueno, la relación fue hermosa durante los primeros dos años, sentíamos que estábamos recuperando el tiempo perdido, nuestras vidas eran tan  distintas y tan familiares que no nos costaba hablar sin perdernos en anécdotas, bromas y recuerdos en general, éramos felices hasta que hubo un punto crítico, hubo algo que no entendíamos, los recuerdos nos ataban, pero el presente era otro, éramos dos completos extraños que pensaban que porque habíamos compartido un pasado el futuro nos sonreiría, la mayor mentira de esta vida – había comenzado a alzar la voz – los siguientes años los rompimientos se volvieron constantes, pero no lograba alejarme de ella, era enfermizo, estaba mal, todo terminó hace una semana cuando descubrí que me había sido infiel, fue una escusa para liberarme de ese suplicio, simplemente nunca quise admitir que había arruinado todas las relaciones que había tenido porque un fantasma me perseguía, porque no era capaz de asumir la verdad, el amor de toda mi vida era una gran mentira, había vivido enamorado de una ilusión y lo último que me quedaba era la soledad inmensa enfrente mío, en ese instante aparecieron ustedes y estoy aquí, ¡contándole mi vida y mis decepciones a un par de ancianos que han recorrido el mundo y me hacen sentir realmente mal porque han tenido una vida plena y hermosa viviendo enamorados, acostándose junto al amor de su vida todos los días para luego recoger a quien no ha tenido esa suerte en el amor que ustedes representan!

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Estaba realmente molesto, iracundo sin un punto fijo de rabia, lo único que sabía era que quería traerme abajo esa casita de la pradera colocada entre dos edificios, Verónica me apretó la mano y me miraba preocupada, Clara y Fernando tenían una sonrisa de satisfacción, era la sonrisa de alguien que ha logrado su buena acción del día, me dio una repulsión e hizo que tuviera ganas de partirle la nariz a Fernando de un puñetazo, no hubiera sido difícil, pero me contuve, Clara se sirvió un poco más de vino y Fernando prendió otro cigarrillo, el silencio no era incomodo, era algo normal algo que debía ser, me percaté que estaba agitado, un sentimiento de dolor recorrió mi pecho, Fernando se levantó y nos invitó a seguirlo, nos levantamos  y volvimos a la sala de las fotos, él cogió una con las manos, la foto había pasado desapercibida en un instante, me pareció extraño ya que estaba colgada en el medio de la pared no tenía ningún adorno, pero la sola posición de la fotografía  indicaba que tenía una importancia entre los recuerdos de la pareja.
-¿quieres saber que acababa de pasar cuando tomaron esta foto?- me lo dijo mientras me la acercaba
- Fernando, ¿me estas tomando el pelo? Por favor esta foto no puede tener más de dos años- la fotografía mostraba a la pareja vestida elegantemente, había una persona con sotana a un lado y al fondo el sol se ocultaba en el mar, no tendría nada de raro si las personas que se acababan de casar no fueran nuestros anfitriones, la alegría que había en sus rostros era inconfundible, el amor irradiaba de la imagen congelada en el tiempo para siempre.
-en realidad esto fue hace un año atrás, ¿quieres que te cuente una historia para que veas que no te ha ido tan mal en el amor?- Clara había tomado la foto entre sus dedos y hablaba algo en voz baja con Vero mientras Fernando me ofrecía un poco más de vino


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Fernando Aguirre, era un muchacho adinerado y durante sus épocas de juventud, un iman de mujeres, su vida lo había vuelto una persona de corazón frágil, se enamoraba de la persona incorrecta con más frecuencia que la mayoría, él era en otra época un cantante muy conocido de boleros, viajaba de aquí para allá junto a su mejor amiga desde la infancia y agente, Clara Domínguez, Clara había visto sufrir y llorar los desamores de su amigo durante años y cada vez que alguno de los dos tenía problemas amorosos se embarcaban en un viaje a cualquier parte del mundo, nunca se habían besado, jamás habían tenido otra relación que no sea la de amigos y compañeros de trabajo, hasta que finalmente hace un año, a Clara le detectaron un problema y debía ser operada de inmediato, se necesitaba un donante, pero el tiempo no era el suficiente como para conseguir uno, como él me confesó, “no lo dudé ni por un instante, hubo algo en ese momento que me dijo que no podría vivir sin esa persona que me acompañó tanto tiempo, la amaba y jamás me había dado cuenta, ni bien pude verla de nuevo le dije que no quería tener más aventuras, quería vivir al lado de la persona que jamás me abandonaría y que tantas veces cuidó de mí, y aunque me haya costado mucho tiempo verlo ella era todo lo que necesitaba”. Se casaron en España una semana luego de la operación,   pasaron dos meses en las Bahamas y luego a una gira de despedida por Asia, el matrimonio era más feliz que nunca, habían pasado dos meses desde el retiro de Fernando de los escenarios y decidieron quedarse en su natal Lima y en su antiguo barrio de Miraflores, una semana después me conocieron a mí, dos semanas después de nuestra cena en parejas el matrimonio Aguirre murió, estaban dormidos, en su testamento nos pidieron que nos lleváramos unas cajas y la foto del jefe de Greenpeace.

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Era domingo y obedeciendo la última petición de los Aguirre estábamos recogiendo unas cajas de discos y fotos de colección que nos habían dejado, encabezadas obviamente por la foto del director de Greenpeace para mi compañera de piso, habíamos cenado dos veces más junto a Clara y Fernando y durante ellas nos preguntaron si es que pensábamos estar solteros a los 40, no supimos que responder, la historia sentimental de Verónica no había sido menos tormentosa que la mía así que nuestros futuros sentimentales eran más inhóspitos que nunca, Fernando sentenció luego de analizar nuestros rostros de desconcierto, que si no estábamos con nadie a esa edad deberíamos casarnos, que sería un gran gesto de amistad, esa noche Verónica, durmió en mi cama, nuevamente les pido que no piensen mal, ella duerme en mi cama o yo en la suya durante las noches que nos quedamos conversando hasta tarde, la conversación trató un tema durante casi 5 horas, ¿cuál sería la diferencia de estar casados y de vivir de la forma en que lo hacíamos ahora?, el tema se dejó a un lado hasta la siguiente cena en la casa entre los edificios, esa noche otra pregunta de Clara desencadeno que yo me quedara dormido en la cama de Verónica, la dulce anciana nos preguntó, ¿Cuánto creen que demoraran en encontrar el amor de su vida, nosotros nos demoramos más de 50 años, ustedes los encontraran más rápido?. A la mañana siguiente nos llamaron para avisar del deceso del matrimonio, Verónica me abrazó largo rato cuando se lo conté, cuando fuimos a recoger las cajas y otras regalos ninguno de los dos pudo contener una lagrima por el matrimonio que durante tres noches nos había servido una magnifica cena, nos había hecho reír a mares, bañado de su sabiduría, contagiado un amor por la vida muy jovial para sus cansados cuerpos y los más importante nos mostraron que el amor tiene mil facetas, mil formas, como diría Clara, tiene demasiadas caras como para no disfrutarlas todas, y que una caída es solo la pausa para mirar a tu alrededor y verificar si la persona correcta no ha estado a tu lado hace ya mucho tiempo…


Estábamos caminando a lo largo de la bajada hacia la playa de Miraflores, eran casi las 12 de la noche y la cálida brisa de una noche de verano nos envolvía, yo sostenía un six-pack con mi mano izquierda, Verónica estaba a mi lado, había pasado un año desde la ultima cena con los ancianos que cambiaron un poco más nuestra forma de ver el mundo, habíamos pasado frente a su antigua casa unos minutos antes, estaba idéntica, por un momento quise que Fernando saliera a recibirnos con un cigarrillo en la mano de nuevo, pero no lo dije, Verónica se ponía triste al recordarlos, mientras bajábamos por el camino de piedras ella tomo mi mano y me dijo sin mirarme:
-¿sabes, que?
-dime
-no quiero esperar tanto tiempo para encontrar a la persona de mi vida como ellos.
-yo tampoco-
Cogidos de las manos y sin decir una palabra nos perdimos en la espesura de la oscuridad mientras descendíamos a la playa, éramos dos figuras que se adentraban en la oscuridad, aferrados, juntos, esa dos figuras se pierden en una noche de verano bajo la noche de Lima