lunes, 22 de noviembre de 2010

Una historia de Polvora y Caballeros - Parte I

Parte 1: La misa del domingo

La misa del domingo en la iglesia de los marianistas tiene un sentido peculiar, el cura, Fray Pascual Matallende tiene un amor por el orden colonial poco convencional, el evangelio esta siempre plagado por citas y comparaciones con la causa española nunca se imaginaria que eso desencadenaría una serie de hechos importantes, pero a la vez olvidados en las crónicas de la independencia del Perú…

-El señor ama éste virreinato, el señor vive en comunión con nosotros porque respetamos un orden, nunca se atrevan a cuestionarlo ya que hacerlo es contradecir la voluntad…- el discurso de Fray Matallende es interrumpido por el ruido inconfundible de disparos en la puerta de la iglesia, luego el sonido de las botas a toda marcha acercándose a la entrada ovalada, de pronto un grupo de jóvenes se levanta de entre los asistentes mientras que una veintena de figuras con sombreros y ponchos que empuñan sables y rifles se forma alrededor de los asientos, tres figuras jóvenes se acercan a dónde el cura estaba dando el evangelio de la semana, el sonido de quejas y personas que intentan tomar represalias contra los revoltosos es acallado en el momento que una de las tres figuras le apunta con su arma al cura, en ese instante todos los asistentes toman asiento y un pequeña brisa helada recorre la nuca de todos, las figuras se quitan los sombreros, solo en ese momento uno puede entender la diferencia de etnias y formas que existen entre ellos, quien apunta la pistola es un indio de rasgos marcados, su piel marrón es impresionante hace recordar a un rostro tallado en madera, no es muy alto, pero su contextura es gruesa, no quisieras encontrarlo por la calle y tener algún problema con él, sus manos son las de un trabajador de toda la vida, una mirada perturbadora llena de resentimiento como si el cura hubiera sido su flagelador desde hace mucho tiempo, la figura del medio es más pequeña que las otras, su piel blanca y ojos claros desentona con la del otro agresor, un criollo a todas luces, su rostro hace pensar más en un filósofo o un estudiante de leyes que en un revoltoso que ataca algo tan sagrado como la misa del domingo, sus ojos son algo que no encajan con el resto de su cuerpo pareciera que fueran la fuente de su poder, de su liderazgo para ordenar a hombres como al indio que está a su lado, deja su rifle y se lo da a la tercera figura, un negro, mucho más alto que los otros dos, pareciera la combinación de ambos, fornido, con un rostro lleno de cicatrices y unos ojos tenebrosos que hacían pensar en un vacio infinito, pero que mostró una docílidad incoherente a su apariencia al coger el arma del criollo, acto seguido este comenzó hablar:
-bueno padre, parece que somos detractores de la voluntad del señor en ese caso – una ola de murmullos recorrió los asientos, luego de un disparo del arma del negro todo volvió a ser la voz del criollo  que con un gesto le pedía paciencia a su mano derecha- por favor les pido paciencia, solamente estamos aquí para anunciar la llegada de un cambio, la llegada de un régimen hecho de los peruanos para los peruanos.
-SACRILEGIO, me decepciona joven Arrué! – un disparo desde el arma del indio zumba al costado del cura y el susto lo manda al suelo
-Padre, yo he crecido escuchando sus discursos sobre un virreinato avalado por Dios, pero quiero decirle que el único gobierno que yo respetaré es el avalado por la razón y la igualdad, dicho esto quiero decirles que una revolución está por llegar y todos los que quieran unírsenos son libres de hacerlo, techo y comida puede faltar, pero una nación libre ha de perdurar, dicho esto nos retiramos con los nuevos reclutas.
Un grupo de jóvenes se levantó y se unió a las filas agrupadas a su alrededor, algunos entre el apoyo de sus familiares y otros entre las miradas acusadoras de familiares y conocidos, todo no hubiera pasado de un simple reclutamiento revolucionario común en épocas de independencia si es que ella no hubiera hecho lo que hizo.
-Sácame la pistola de enfrente, cavernícola- todas las cabezas voltearon a ver la escena, una joven muy bella, de cabellos castaños ondulados,  había golpeado y desarmado a uno de los soldados, que la doblaba en altura, tirándolo al suelo y con el arma de este rápidamente redujo a otro, un disparo desviado por la rápida intervención del criollo no llegó a atravesar el pecho de la joven, pero esta igual soltó el arma y toda la habilidad desapareció al sentir la muerte tan cerca.
- He dicho nada de asesinatos
-lo siento, señor.
-yo me encargo- el criollo se acercó a la joven quien se encontraba cerca de la salida- señorita, por favor explíqueme cuál es la razón de este arranque de cólera
-tus subordinados le apuntan a mi madre, quién ha perdido casi toda la vista y que sus rodillas no le permiten estar parada ni sentada demasiado tiempo, te parece poco ahora también tener el olor de la polvora tan cerca.
-me disculpo, le aseguro que no tenían intención de violentar a tu madre, son ordenes mías  tener vigilados a todos, basta con que hayan dos más como tú capaces de desarmar a dos soldados con tal facilidad y estaría en graves problemas…
-Parece que te has vuelto una mula con mucha habilidad para las disculpas, Arrué- un hombre que estaba sentado al costado de la joven se había puesto de pie- aléjate de él, mi amor, es solo un loco que ahora tiene nuevos amigos de juego.
-Ortega, así que ella es tu prometida- el criollo se quedó observándola un momento, luego sacó su sable y con la misma rapidez lo puso en el cuello de Ortega- esto es por las antiguas deudas, Sioux, Otelo, cárguenla, viene con nosotros- mientras señalaba a la joven.
Las otras dos figuras iníciales respondieron al llamado de su superior, el criollo seguía mirando con una sonrisa enorme a Ortega a quien no le había retirado el sable ni un segundo del cuello.
-señor, por favor apresúrese, los soldados no deben de tardar en llegar al escuchar los disparos- dijo un joven indio al criollo, pero unos ruidos de jadeos y el grito final de dolor del negro desataron los gritos del joven líder revolucionario.
-cómo es posible que no puedan reducir a una mujer?
-Señor Arrué, esta es una fiera- las palabras de su mano derecha retumbarían en la cabeza del criollo durante mucho tiempo ya que la describía de forma simple y concreta.
-Cómo te atreves, negro!- con un movimiento de gacela se libró de las garras de los 2 hombres, que sin exagerar habrían podido tirar al suelo a un toro, y con una rapidez impresionante lanzo su puño partiéndole la boca al fornido mulato.
-es mucha mujer para ti, Ortega- el criollo clavo su sable en la pierna de su antiguo rival, que dio un alarido de dolor muy parecido al de un animal herido, luego volteándose hacia la dama que había corrido a socorrer a su prometido- discúlpeme, señorita- puso un pañuelo, seguramente empapado con algún somnífero, en la cara de la joven que se desmayó al instante.
-eres un cobarde, Arrué, me atacas amenazando a mi prometida, a mi suegra y pones un arma en mi cara, esto es lo qué quieren para el Perú?
-una palabra más, Ortega y te juro que no la vuelves a ver y si quieres hablar de lo qué es honorable, Por qué no les cuentas a todos cómo murió el anterior gobernador?, salúdame a tus padres.
Las figuras se retiraban a toda marcha, había caballos esperando afuera de la iglesia, en ese instante uno podía darse cuenta de que los ponchos marrones y el sombrero ancho eran parte del uniforme, era algo representativo de la causa revolucionaria de la que eran parte, el criollo montado en un caballo hermoso, un pura sangre, seguramente traído de los mejores criaderos del norte, siempre seguido de sus dos oficiales, la joven descansaba ahora en el lomo del caballo de Otelo, sus cabellos ahora relucían con el sol del domingo, un grupo de soldados comenzó a disparar contra ellos, la persecución no duró mucho terminó cuando salieron de la zona más poblada de Huánuco, pero algo dentro de Santiago Arrué no lo dejaba tranquilo sobre Catalina Soria, él no sabía su nombre, no conocía su pasado, a lo mucho había escuchado su tono de voz y conocido su carácter felino, debió sentir algo en ella, algo en esa mirada fuerte y conmovedora que lo doblegó y no lo dejó tranquilo, realmente él hubiera preferido tenerla a su lado, en ese sueño inducido mientras se perdían entre los cerros bañados por el sol, lo realmente perturbador de esos pensamientos es que ni siquiera él sabía la razón de estos hacia su nueva prisionera.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Año Nuevo

Maldita sea esta noche, maldita sea mi suerte, maldita sea ella…
Porque es la noche la testigo de mis peores errores, la testigo de mis tormentos, porque es ella la que recoge cada uno de mis lamentos y lágrimas, porque mi suerte es la causante de todo esto, la causante de mis desgracias, pero más que mi suerte la verdadera causante del dolor y, de que la verdad sea el más letal de los venenos conocidos hasta ahora por la humanidad, es ella, segundos antes de que dieran las doce y de que mi vida cayera en el más profundo abismo imaginable, yo era feliz porque los tenía, porque lamentablemente había aceptado que mi suerte estaba echada y que nada más me podría pasar, hasta que sus palabras abrieron en mi pecho un agujero tan enorme, que sería imposible de sellar.

El comienzo de esto, la verdadera razón por la cual me siento atado y por la cual, aunque sé que no tuve nada que ver, no puedo evitar de pensar que es mi culpa, es el hecho que nada de esto hubiera pasado si no fuese presa de mi ira, si no fuese presa de mis emociones y si no dejara que ellas me dirigieran en los peores momentos, mejor dicho, en los momentos claves de mi vida, talvez esto jamás hubiera pasado si esa noche luego del concierto cuando le grite a voz en cuello que era la peor persona que había conocido y que de seguro estaría revolcándose con cualquiera a la más mínima oportunidad aún siendo consciente que ella sería incapaz ,o bueno lo fue hasta esa noche, aún sabiendo todo eso no me detuve y no pensé ni por un instante el verdadero significado de mis palabras en mi destino, maldito destino.

Ella era hermosa y yo lo sabia, no por el hecho de que mi inseguridad y mis celos no me dejaran andar por la calle con ella tranquilo, lo sabía porque podía estar tardes enteras contemplando su rostro y jamás me cansaría, ni por un instante, de acariciar con mi mano cada uno de los rasgos tan finos de su cara, porque no había forma de ver dentro de sus bellos ojos miel y no perderse aunque lo intentara, aún cuando vi como su expresión se destruía ante mis palabras, no perdía esa magia que me tenía tan enamorado y lo que casi me llevó a la locura en los años posteriores, lamento cada una de esas palabras porque de no haber sido por ellas jamás hubiera pasado.

Pero si me preguntaran si en algún momento me imaginaba la verdad, yo hubiera respondido un temeroso: “tal vez en algún momento me di cuenta”, lo debí haber sabido ese día en que nos reconciliamos, había en el aire algo que me hacía sentir raro, casi perturbado, ella entró en mi casa casi como un rayo y sin dejarme decir siquiera hola, me asaltó y me besó como nunca antes, me besó con algo más que pasión fue casi una necesidad, fue el deseo de estar protegida como ella me confesó años más tarde, e inclusive en su forma de hacer el amor, teníamos ya 5 años cumplidos en junio de ese año y jamás habíamos hecho eso, ella me tomó por el cuello y sin pensarlo nos recostamos en el sillón de mi sala, que por esos años tenia una funda con diseños floreados desde pequeño me encantó esa funda cuando te echabas de lado y veías el inmenso respaldar, daba la sensación de estar viendo de frente una gran colina cubierta de flores, nunca habíamos estado en ese sitio mientras hacíamos el amor, mientras nos amábamos sentí algo extraño, la búsqueda de algo, la impaciencia, pero dentro de todo nunca sentí tanto amor por parte de alguien ni siquiera años más tarde, en mis numerosos intentos por olvidar este hecho, logré que alguien me hiciera sentir tan lleno de vida, como me sentí esa tarde, “nunca volveré a acercarme a nadie más si eso es lo que tu quieres, jamás volveré a ser tan idiota de jugar con nosotros como lo hice, dime lo que tu quieres que haga y yo lo hago, solo te amo a ti, y a nadie más”, me lo dijo con esa melodiosa voz que me hacía sentir como si flotara, “no me digas eso, este mes sin ti me ha hecho darme cuenta, que jamás debí dejar que mis celos llegaran tan lejos, tienes el derecho de hablar con quien se te plazca y que él sienta algo por ti, no significa que tú vayas a caer en su juego, discúlpame todo va a ser distinto a partir de ahora”, lo dije de corazón, estaba dispuesto a recuperarla aceptando cuales quieran que sean sus términos, pero había sido tan fácil, maldito ciego.

Ella había regresado el mismo día que yo no pude más conmigo mismo y me alistaba para tocar su puerta y pedirle que lo intentáramos, “todo será distinto, de eso estoy segura”, después de eso no dijimos más, ella hundió su rostro en mi hombro, y yo me ahogué en su pelo castaño, que era tan largo como un velo de novia, olía como si realmente no pudiera haber nada mejor, podrías haber sido Jean-Baptista y jamás hubieras olido fragancia más encantadora, era todo lo que uno desearía, y lo fue mucho tiempo, lo fue por 5 años que jamás olvide y que hubiera dado todo por recuperar, inclusive le plantee muchas veces un trato al diablo pero al parecer nunca me escucho, nos quedamos echados acariciándonos hasta que fue hora de que la llevara a su casa, mi madre estaba por llegar y la suya no tardaría en llamar para saber porque no estaba en su apartamento que estaba a escasas cuadras de distancia, nos vestimos y salíamos pero antes nos dimos un beso el más profundo que jamás recibí, sus manos estaban en mi pecho y mis brazos la rodeaban por la cintura, fue todo lo que necesité para saber que jamás me apartaría de su lado, o eso fue lo que yo creía.

Recuerdo muy bien esa tarde, me había llamado muy preocupada la noche anterior antes de dormir, habíamos acordado encontrarnos en el malecón que se encontraba a la espalda de mi casa, eran las 5 de la tarde cuando ella llegó, me dijo que lo mejor era que no la recogiera del colegio porque aun no estaba segura, yo accedí, el sol se estaba ocultando, supongo que ya comenzaba el verano no recuerdo muy bien cuanto tiempo me quede mirando el atardecer, las bancas, los jardines y la pequeña cúpula que había en el malecón ni cuanto tiempo hubiera seguido mirándolos si es que su dedo no hubiera movido mi cara en dirección a la suya, “¿Matías, estas bien, me has escuchado?”, ella tenia los ojos llorosos, y un gesto de preocupación, “estoy embarazada Matías, por favor dime algo”, ¿Qué podía decirle?, la noticia me cayo como un baldazo de agua fría tan inesperado como atemorizante, pero aun cuando el miedo me recorrió, cuando el mundo me daba vueltas no dudé ni un instante de su palabra ya que estaba seguro que no me lo diría a menos que estuviera total y completamente segura, así que hice lo que todo hombre hubiera hecho, acepte mi responsabilidad, “entonces vamos a tener un bebe” y una sonrisa fue lo único que pude hacer antes de que ella casi se enterrara dentro de mi pecho bañada en lagrimas, en ese instante no me importó mi reciente ingreso a la universidad, ni tampoco el hecho que ni siquiera había terminado el colegio; solamente importaba que ese niño que ella llevaba en el vientre y ella, debían de estar seguros de ahora en adelante, por el resto de mi vida.

Pasaron los meses y obviamente lo que más recuerdo de esos días fue cuando les contamos a nuestros padres el hecho de que ella estaba embarazada, sus rostros cambiaron de la intriga a la preocupación y luego de la preocupación a la ira y luego a la comprensión, por algún motivo mi padre no dijo ni una sola palabra, solamente al salir de la habitación en la que estábamos los 6, me dijo “yo también me equivoqué, pero pensé haberte enseñado lo suficiente como para que tú no hicieras lo mismo”, era verdad, pero cuando me sentí en un abismo fue cuando mi madre antes de salir me dio un cachetada con el reverso de su mano, había recibido golpes más fuertes, pero nunca con tanta decepción, cuando me voltee para recibir el golpe de gracia de parte del padre de ella me sorprendió la mayor muestra de amor que una persona haya visto, ella estaba abrazada por; la señora Marta, una señora impecable la mejor madre que alguien hubiera podido tener, era casi como una amiga aunque aplicaba el rigor necesario, en los 3 años de relación que tuve con su hija, ella evito por todos los medios necesarios que yo me sintiera incomodo, de lejos una de las mejores personas que conocí a lo largo de mi vida; y por su padre el señor Víctor, había conocido todas las historias sobre él y siempre había pensado las peores cosas, pero si alguien hubiera visto la escena podría darse cuenta que solamente fue victima de un destino tan cruel como el mío, si me lo preguntasen ahora, lo admiro por nunca haberse dejado vencer y enseñarle lo mismo a ella, estaba parado mirándolos, él se paró y se acercó, creí por un momento que se me había acabado la suerte, pero era ilógico mi suerte había terminado hace mucho, y el pavor de ver su inmensa humanidad estirarse en dirección no ayudó mucho a mis nervios, pero cuando don Víctor me abrazó y me dijo “en este momento me has demostrado, que mi hija se equivocó al traicionar nuestra confianza, pero no al depositar la suya en ti, eres un hombre, y no, por no haber corrido ante la idea, sino porque solo un hombre sabe que cuando tu hijo te necesita, aunque tú propia sangre te dé la espalda, tú no debes dársela a él”, me quede en blanco durante 2 segundos y luego le devolví el abrazo y me acerque a ella, su mano estaba fría, “no puedo dejar que ellos te abandonen, ellos son tu sangre, son tu familia..” en ese instante le di un beso en los labios y le dije susurrando “a partir de hoy nosotros somos una nueva familia”.

Los meses siguientes me había mudado a su pequeño apartamento, lo cual no representaba un cambio tan traumático debido a la cercanía, mis padres no me habían botado de la casa, pero yo decidí irme para apoyarla en todo lo que pudiese durante los siguientes meses, mi cumpleaños llegó como siempre a mediados de agosto, no recuerdo muy bien cuantos saludos recibí ni cuantos llamados para saber dónde me había metido, la verdad nada me importaba más que cuidarla a ella, seguíamos yendo al colegio, todos sabían que habíamos ingresado a la universidad al igual que muchos amigos nuestros, pero lo que en verdad importaba era el rumor acerca del embarazo lo cual fue admitido casi a la fuerza cuando no pudimos ocultar más el abultado vientre, nadie nos miró mal, nadie nos dijo nada negativo ni burlón solamente nos abrazaron y nos decían “no imagino mejores padres para un niño” “felicitaciones” e inclusive cuando caminábamos cerca del colegio con nuestros amigos bromeaban acerca de quiénes serían los padrinos, debí haberme dado cuenta de cierto detalle, ella jamás me miraba a la cara durante esos meses, solamente cuando nos acostábamos me dedicaba una mirada cargada de amor, además en ella albergaba algo que yo no comprendía, varias veces la encontré llorando en la noche, yo lloraba también y le susurraba al oído que me disculpara por hacerle eso, pero ella respondía mirándome a los ojos repitiendo una y otra vez “discúlpame tú”, mis padres seguían pagándome el colegio porque decían que seria lo ultimo que recibiría de ellos, bueno en parte fue verdad.

Terminamos la secundaria y ya eran 4 meses, era casi un suceso y acudimos a nuestro baile promoción, el vientre era aún más notorio pero ella seguía siendo hermosa eso nadie lo podía negar, y la verdad jamás me sentí mejor aún sabiendo todas las cosas que tendría que sacrificar estaba feliz, pasamos navidad con su familia, eran encantadores, simplemente una familia unida y feliz como la fue la mía en algún momento, antes de que mi abuelo falleciera y todos se arrancaran los ojos y mandaran al tacho todos los valores que ese gran hombre les había inculcado, fue una noche feliz todos estábamos reunidos, disfrutando, me habían recibido como un hijo más y nadie te miraba esperando que hicieras algo para sacarte del circulo selecto de con los que te debías sentar en la familia, era distinto a todo lo que había vivido siempre, eran felices siendo quienes eran y fue algo tan hermoso que está entre los mis mejores recuerdos, luego antes que llegaran las 12 pedí la atención de todos, y sin pensarlo 2 veces me arrodillé en frente de esa bella persona y le pedí que se casara conmigo, ella me besó y me dijo que sí, todo lo que recuerdo después fue cantidades inmensas de familiares felicitándome y diciéndome que ella tenía más suerte que muchas de sus hijas, después solo sentí que paseaba sobre las nubes y nada podría parar esto, maldito crédulo

Pero todo se acabó demasiado pronto, pasó solamente una semana para que ella no pudiera más con la verdad, eran aproximadamente las 10 de la noche cuando me acerque a ella que estaba sentada viendo por el balcón desde el sillón hacia el vació, me arrodille y le puse un brazalete alrededor de su muñeca, ella preguntó “¿qué es esto?”, “es el brazalete que mi abuelo le regalo a mi abuela el día de su boda, me hizo prometer antes de morir que cuando alguien sea la indicada se lo daría, y de esa forma él cuidaría a esa persona siempre, quiero que lo uses todos y cada uno de los días en los que me ames y de esa forma sabré que todo lo que vamos a afrontar de ahora en adelante, lo haremos juntos”, la verdad, no pudo más dentro de su pecho y entre lagrimas y gemidos me confesó la verdad, ese cerdo, la basura que había hecho que termináramos era el verdadero padre, ella había estado demasiado confundida y había caído ante las insinuaciones de él, y como ella misma me confesó nunca estuvo consciente de lo que hizo hasta que ya era demasiado tarde, Claudio, era el nombre de esa porquería de persona, había logrado que yo perdiera los papeles y le dijera cosas tan horribles como para que ella cayera en sus garras, él había salido del colegio hacia ya 2 años, pero eso nunca le importó y nunca nos dejó tranquilos, por eso es que jamás aprobé su amistad y por eso es que él siempre tuvo mis celos a su favor hasta conseguir lo que siempre quiso.

Solamente pude quedarme quieto y no decir una sola palabra mienta ella me contaba que me amaba y por eso había inventado todo acerca de mi paternidad, no quería que me fuera, no por el hecho de quedarse sola, sino porque quería armar una familia conmigo tal y como yo había dicho desde que me había mudado con ella, pero yo ya no escuchaba solo trataba de cuadrar cuentas y me daba cuenta que el vientre, aun para ser 5 meses, era demasiado abultado y era verdad, habíamos regresado un 30 de junio de nuestro viaje de promoción y un 30 es cuando yo perdí los papeles y dije todas esas idioteces, y luego un día después del incidente, como ella me narró, había sucedido esa aberración, luego un mes después ella apareció en la puerta de mi casa y finalmente dos semanas después ella me confiesa mi supuesta paternidad, había caído; pero yo nunca pude verlo venir, jamás la creí capaz, porque esa persona no era de la que me había enamorado, no era mi Silvana.

“por favor no te vayas” gritaba entre gemidos, “no puedo quedarme y criar a la aberración que hay en tu vientre Silvana, yo te odio y te odio como jamás pensé odiar a nadie en mi vida, eres sucia y solo tú sabes cuánto daño me pudiste haber hecho, no es el hecho que haya dejado todo atrás, sino porque me mentiste y decidiste que querías a otro para ser el padre de aquella criatura que en algún momento fue razón de mi existencia, lo lamento pero no puedo estar aquí ni un segundo más, tu olor ya no es de rosas sino un olor toxico, contaminado, impuro, eras todo lo que quería Silvi, ¿por qué lo arruinaste?…” en ese instante atravesé la puerta, me tambalee por las escaleras, podía escuchar como todos hacían el conteo, era realmente irritante, antes de escuchar el 3 yo ya estaba en el malecón, había arrojado de ira, impotencia y tristeza simplemente no lo podía creer había sido un tonto. Maldito distraído

No sé cuánto tiempo me llevó ni de dónde llegaron, pero para cuando me di cuenta estaba bañado en sangre y sosteniendo ese puñal ensangrentado, alguien gritaba, no estoy muy seguro que decía pero podía ver como se llevaba la mano al ojo, en ese instante me di cuenta que había asesinado a su compañero y sin darme cuenta le había arrancado el ojo a él como si se tratara de una chapa, habían sido 8 puñaladas las cuales había distribuido entre el pecho, el estomago y el rostro, cogí el cuchillo y cuando me disponía a hacer lo mismo con el ladrón, ahora tuerto, una mujer gritó desesperada, sus gritos se perdieron entre el estruendo de los cohetes, pero yo lo recuerdo bastante bien, solo pude correr y correr, sentado en el barranco del malecón, lancé el cuchillo lo mas lejos que pude en dirección al mar, en ese instante lo comprendí, no asesiné a los ladrones por el hecho de salvarme, los asesiné porque por un instante me di cuenta como me habían visto, acabado al borde del suicidio, lo había pensado estaba a punto de saltar, aunque no sé durante cuánto tiempo lo estuve pensando, cuándo me atacaron, no lograron hacerme daño, sabia muy bien como defenderme inclusive frente a un cuchillo, creo que hasta que deje de escuchar el ruido, había querido que me hicieran daño y morir como un vil asesino, allí callado sin que nadie se diera cuenta, pero no era lo que de verdad quería, lo que de verdad quería había resultado no ser mío, ser el error de personas ajenas, y que me cargaron sus equivocación y me hicieron sentir que había decepcionado a todas y cada una de las personas que había conocido, los odiaba, pero por más que lo intentaba no lograba odiarlo a él, era el hecho que me había acostumbrado a pensar en él como la persona a la cual le dedicaría horas y de la que jamás me cansaría, lo que de verdad quería era a mi hijo.
Maldita sea esta noche, maldita sea mi suerte, malditos sean ellos por darme una razón para seguir vivo…