Su respiración me despierta, es calmada y pausada, la ventana muestra un cielo negro sin estrellas ni luna señal que la noche ya ha llegado, faltan unas horas para que mis padres lleguen puedo darme el lujo de verla dormir durante un rato más, paso mi mano por su brazo acariciando su piel intentando recordar el porqué de esta situación, ella abre los ojos y cómo si no le sorprendiera que yo la viera dormir se acurruca en mi pecho intentando volver a dormir.
-me encanta dormir y verte babear cuando me levanto.
-no babeo, solo me dejas algo tarado- las risas son suaves como si no quisiéramos que nos escuchen, jugamos con nuestras manos, le beso la frente mientras ella dibuja algo en mi pecho con sus dedos, el momento siempre se hará eterno hasta que las fuerzas de lo ineludible lleguen a quebrantar la paz de los que se quieren, su celular destruye la unión, ambos sabemos que eso significa movernos lo más rápido posible y salir a la puerta para que el sonido de los carros no nos delate, ella conversaba por el celular y yo la miraba desde la puerta intentando encontrar algo que me desagrade de ella y solo podía recordar el hecho de su risa, su humor, su cariño, su forma de querer, era algo que nunca había conocido, era distinta a todo y por eso estábamos en el lugar en el que estábamos, ella descalza hablando en el balcón de mi edificio y yo volando al saber que ,sin importar cómo, ella era parte de mí. Ella regresó y me abrazó
-¿podemos quedarnos un rato más? Tenemos dos horas todavía, luego me acompañas hasta allá, ¿sí?- yo solo asentí.
Entramos y nos recostamos nuevamente en mi cama, escuchábamos Libido, cantábamos, nos reíamos, nos besábamos, nos mirábamos, nos abrazábamos hasta casi dormir, pero esta vez fue mi celular el que quebrantó la tranquilidad.
-Ya vámonos, Sebastián ya es tarde- me arrastró fuera del cuarto antes que pudiera contestar la llamada, cogí mi polera mientras ella terminaba de ponerse la balerina izquierda y tropezarse con todo lo que tenía en frente, salimos riéndonos y empujándonos es esa naturalidad en todo lo que hacemos lo que nos ha vuelto adictos al otro.
Las calles de Magdalena son algo húmedas durante las noches de invierno, obligan a las parejas a andar juntos, de la mano o abrazados siempre y cuando sea para conservar calor, el caminar se vuelve bastante calmado ninguno de los dos quiere llegar al lugar donde nos dirigimos, hemos aprendido a medir el tiempo desde mi casa hasta esa casa tétrica en San Isidro, caminar abrazados por las calles detrás del hospital Larco Herrera, solo porque nos da la gana nos burlamos de los grafitis que están a lo largo de toda la pared del hospital psiquiátrico, tratamos de hacer rimas disparatadas sin ton ni son ridiculizando su “obra maestra” hecha con aerosol e inmortalizado en ladrillos cremas.
-María Alejandra…- ella se detuvo y yo tenía la cara enterrada en la acera
-¿Qué te molesta?
-¿Cómo sabes que algo me molesta?
-acabas de decir mi nombre completo y eso solo pasa cuando estás celoso o triste.
-hablas como si me conocieras
-No vas a comenzar, por favor- me jala hacia ella y reposa sus labios en los míos, es pequeña solo ahora soy consciente cuanto, sus cabellos negros, como la noche invernal que nos oculta, embriagan mi nariz en ese olor característico, indefinido que solo alcanza sentido cuando está cerca de mí, sus ojos me miran hasta el alma me dicen que no malogre el momento, que la estamos pasando bien y que otra vez, eso es lo que en verdad importa.
-Me conoces, sabes cómo soy, sabes que iba a pasar.
-Sí, pero esta es una de las tantas cosas que me encanta de ti, sabes actuar como si el mundo te importara nada, pero cuando algo realmente te gusta, te encanta, lo deseas, es decir “yo”- se apuntó con su dedo índice- No puedes estar tranquilo, detestas el hecho de no tener control sobre eso que crees conocer, tu corazón, eso donde yo estoy presente, bésame de nuevo, bésame porque la noche no es eterna.
-tu poesía aparece de la nada, me calma y me avienta hacia eso que detesto tanto y que tú pareces controlar con total desdén, mi corazón, solo cuando dices eso puedo estar tranquilo solo cuando entiendo que todo es más fácil contigo, entiendo que simplemente me encanta complicarme la vida.
- ¿y qué sería de la vida sin complicaciones, sin dudas, sin no saber qué es lo que viene? admítelo chistoso, somos todo lo que el otro quiere, somos lo incontrolable de la vida, somos las pasiones que existen y se expanden por el mundo, por lo menos tú eres eso que hace que la vida tenga algo de sorpresa, grítalo, grítame que no hay nada en este mundo, nada está escrito y eso hace que me quieras de la forma que lo haces.
-no voy a gritar nada, solo te voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.
La llovizna enfría nuestros cuerpos, interrumpe los besos, caminar y caminar esa es nuestra historia, seguir un rumbo indefinido para que no nos encuentren ni nos delaten, sin dejar huellas ni recuerdos esperando que nuestro rastro se pierda en la noche que quebrantamos, sus dedos acarician mi mano mientras tarareo una canción en inglés, ella lo escucha e intenta seguirla, siempre es así, nos complementamos entendemos a la perfección la mente del otro esperando anticipar y burlarse, todo es fácil.
-¿Y si no llegamos nunca?- pregunta cómo si yo pudiera hacer algo al respecto
-Estamos cerca- intento disimular
-Sabes muy bien a qué me refiero, podríamos seguir así siempre, tú y yo sabiendo que es lo somos
-Cinco minutos atrás casi me golpeas por decirte lo mismo, no comencemos, Male.
-¿Male? me tratas con mucho amor, como se nota que te encantan las cosas cuando puedes dirigirlas
-¿Quieres que te trate mal? Tú diriges mi mente, hace mucho que yo dejé de tener derecho alguno sobre esta, por lo menos podríamos acomodar mejor tu floro para que yo no lo entendiera tan fácilmente.
Estamos en la esquina de la casa sombría de San Isidro, el paseo muere de forma abrupta cuando la realidad muestra el final.
-Explícame algo, Sebastián- me mira como intentando encontrar una señal de debilidad, algo en sus pequeños ojos inquietos leerá mi expresión y sin poder decir más ella tendrá todo lo que quiere- Hoy no hicimos nada, es decir estuvimos en tu casa toda la tarde solos, nadie nos molestó, pero tú….
-Que seamos amantes no significa que tengamos que hacer el amor cada vez que nos vemos, es muy lindo cuando pasa, pero por un día quise saber que sería de nosotros sin ese detalle.
-Dicen que los amantes se aman más entre ellos de lo que aman a sus verdaderas parejas, ¿crees que sea así?
-¿Me amas más que a ese tarado que te está esperando dentro de esa casa?
-¿Me amas más que a esa idiota que vas a visitar luego de que yo entre en esa casa?- sus mirada ahora es desafiante, inquisidora.
-Lo único que importa, cómo tú dices, es que volveremos a estar juntos sin importar lo que hagamos hoy, esa es nuestra forma de vida.
-No tienes ni idea qué fecha estamos hoy, ¿no?
-25 de mayo, hace 4 meses comenzamos esta locura.
-estamos 24, Tarado, hoy es tu “mesario” con aquella cornuda que llamas enamorada.
-No le digas así, ella no tiene la culpa de la confusión que nosotros hemos causado, la verdad a veces pienso que te gusta esto por el morbo que te causa hacerle daño.
-No es eso, es que puede comenzar a sospechar, dejé un peluche en tu casa, antes de ir a verla y decirle que la quieres mucho y festejar otro mes más de relación, cógelo y llévaselo.
-Lindo gesto
-me vas a devolver la plata de ese peluche obviamente, pero quería hacer una última payasada antes de irme.
-¿por qué simplemente no gritas que me amas más que a cualquiera y lo que haces es por hacerme feliz a mí? quiero escuchar esas palabras salir de tu boca, quiero saber que tan comprometida estás en esto, mi amante.
-Te voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.