viernes, 27 de mayo de 2011

24 de mayo

Su respiración me despierta, es calmada y pausada, la ventana muestra un cielo negro sin estrellas ni luna señal que la noche ya ha llegado, faltan unas horas para que mis padres lleguen puedo darme el lujo de verla dormir durante un rato más, paso mi mano por su brazo acariciando su piel intentando recordar el porqué de esta situación, ella abre los ojos y cómo si no le sorprendiera que yo la viera dormir se acurruca en mi pecho intentando volver a dormir.
-me encanta dormir y verte babear cuando me levanto.
-no babeo, solo me dejas algo tarado- las risas son suaves como si no quisiéramos que nos escuchen, jugamos con nuestras manos, le beso la frente mientras ella dibuja algo en mi pecho con sus dedos, el momento siempre se hará eterno hasta que las fuerzas de lo ineludible lleguen a quebrantar la paz de los que se quieren, su celular destruye la unión, ambos sabemos que eso significa movernos lo más rápido posible y salir a la puerta  para que el sonido de los carros no nos delate, ella conversaba por el celular y yo la miraba desde la puerta intentando encontrar algo que me desagrade de ella y solo podía recordar el hecho de su risa, su humor, su cariño, su forma de querer, era algo que nunca había conocido, era distinta a todo y por eso estábamos en el lugar en el que estábamos, ella descalza hablando en el balcón de mi edificio y yo volando al saber que ,sin importar cómo, ella era parte de mí. Ella regresó y me abrazó
-¿podemos quedarnos un rato más?  Tenemos dos horas todavía, luego me acompañas hasta allá, ¿sí?- yo solo asentí.
Entramos y nos recostamos nuevamente en mi cama, escuchábamos Libido, cantábamos, nos reíamos, nos besábamos, nos mirábamos, nos abrazábamos hasta casi dormir, pero esta vez fue mi celular el que quebrantó la tranquilidad.
-Ya vámonos, Sebastián ya es tarde- me arrastró fuera del cuarto antes que pudiera contestar la llamada, cogí mi polera mientras ella terminaba de ponerse la balerina izquierda y tropezarse con todo lo que tenía en frente, salimos riéndonos y empujándonos es esa naturalidad en todo lo que hacemos lo que nos ha vuelto adictos al otro.

Las calles de Magdalena son algo húmedas durante las noches de invierno, obligan a las parejas a andar juntos, de la mano o abrazados siempre y cuando sea para conservar calor, el caminar se vuelve bastante calmado ninguno de los dos quiere llegar al lugar donde nos dirigimos, hemos aprendido a medir el tiempo desde mi casa hasta esa casa tétrica en San Isidro, caminar abrazados por las calles detrás del hospital Larco Herrera, solo porque nos da la gana nos burlamos de los grafitis que están a lo largo de toda la pared del hospital psiquiátrico, tratamos de hacer rimas disparatadas sin ton ni son ridiculizando su “obra maestra” hecha con aerosol e inmortalizado en ladrillos cremas.
-María Alejandra…- ella se detuvo y yo tenía la cara enterrada en la acera
-¿Qué te molesta?
-¿Cómo sabes que algo me molesta?
-acabas de decir mi nombre completo y eso solo pasa cuando estás celoso o triste.
-hablas como si me conocieras
-No vas a comenzar, por favor- me jala hacia ella y reposa sus labios en los míos, es pequeña solo ahora soy consciente cuanto, sus cabellos negros, como la noche invernal que nos oculta, embriagan mi nariz en ese olor característico, indefinido que solo alcanza sentido cuando está cerca de mí, sus ojos me miran hasta el alma me dicen que no malogre el momento, que la estamos pasando bien y que otra vez, eso es lo que en verdad importa.
-Me conoces, sabes cómo soy, sabes que iba a pasar.
-Sí, pero esta es una de las tantas cosas que me encanta de ti, sabes actuar como si el mundo te importara nada, pero cuando algo realmente te gusta, te encanta, lo deseas, es decir “yo”- se apuntó con su dedo índice- No puedes estar tranquilo, detestas el hecho de no tener control sobre eso que crees conocer, tu corazón, eso donde yo estoy presente, bésame de nuevo, bésame porque la noche no es eterna.
-tu poesía aparece de la nada, me calma y me avienta hacia eso que detesto tanto y que tú pareces controlar con total desdén, mi corazón, solo cuando dices eso puedo estar tranquilo solo cuando entiendo que todo es más fácil contigo, entiendo que simplemente me encanta complicarme la vida.
- ¿y qué sería de la vida sin complicaciones, sin dudas, sin no saber qué es lo que viene? admítelo chistoso, somos todo lo que el otro quiere, somos lo incontrolable de la vida, somos las pasiones que existen y se expanden por el mundo, por lo menos tú eres eso que hace que la vida tenga algo de sorpresa, grítalo, grítame que no hay nada en este mundo, nada está escrito y eso hace que me quieras de la forma que lo haces.
-no voy a gritar nada, solo te voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.
La llovizna enfría nuestros cuerpos, interrumpe los besos, caminar y caminar esa es nuestra historia, seguir un rumbo indefinido para que no nos encuentren ni nos delaten, sin dejar huellas ni recuerdos esperando que nuestro rastro se pierda en la noche que quebrantamos, sus dedos acarician mi mano mientras tarareo una canción en inglés, ella lo escucha e intenta seguirla, siempre es así, nos complementamos entendemos a la perfección la mente del otro esperando anticipar y burlarse, todo es fácil.
-¿Y si no llegamos nunca?- pregunta cómo si yo pudiera hacer algo al respecto
-Estamos cerca- intento disimular
-Sabes muy bien a qué me refiero, podríamos seguir así siempre, tú y yo sabiendo que es lo somos
-Cinco minutos atrás casi me golpeas por decirte lo mismo, no comencemos, Male.
-¿Male? me tratas con mucho amor, como se nota que te encantan las cosas cuando puedes dirigirlas
-¿Quieres que te trate mal? Tú diriges mi mente, hace mucho que yo dejé de tener derecho alguno sobre esta, por lo menos podríamos acomodar mejor tu floro para que yo no lo entendiera tan fácilmente.
Estamos en la esquina de la casa sombría de San Isidro, el paseo muere de forma abrupta cuando la realidad muestra el final.
-Explícame algo, Sebastián- me mira como intentando encontrar una señal de debilidad, algo en sus pequeños ojos inquietos leerá mi expresión y sin poder decir más ella tendrá todo lo que quiere- Hoy no hicimos nada, es decir estuvimos en tu casa toda la tarde solos, nadie nos molestó, pero tú….
-Que seamos amantes no significa que tengamos que hacer el amor cada vez que nos vemos, es muy lindo cuando pasa, pero por un día quise saber que sería de nosotros sin ese detalle.
-Dicen que los amantes se aman más entre ellos de lo que aman a sus verdaderas parejas, ¿crees que sea así?
-¿Me amas más que a ese tarado que te está esperando dentro de esa casa?
-¿Me amas más que a esa idiota que vas a visitar luego de que yo entre en esa casa?- sus mirada ahora es desafiante, inquisidora.
-Lo único que importa, cómo tú dices, es que volveremos a estar juntos sin importar lo que hagamos hoy, esa es nuestra forma de vida.
-No tienes ni idea qué fecha estamos hoy, ¿no?
-25 de mayo, hace 4 meses comenzamos esta locura.
-estamos 24, Tarado, hoy es tu “mesario” con aquella cornuda que llamas enamorada.
-No le digas así, ella no tiene la culpa de la confusión que nosotros hemos causado, la verdad a veces pienso que te gusta esto por el morbo que te causa hacerle daño.
-No es eso, es que puede comenzar a sospechar, dejé un peluche en tu casa, antes de ir a verla y decirle que la quieres mucho y festejar otro mes más de relación, cógelo y llévaselo.
-Lindo gesto
-me vas a devolver la plata de ese peluche obviamente, pero quería hacer una última payasada antes de irme.
-¿por qué simplemente no gritas que me amas más que a cualquiera y lo que haces es por hacerme feliz a mí? quiero escuchar esas palabras salir de tu boca, quiero saber que tan comprometida estás en esto, mi amante.
-Te  voy a besar y con eso el mundo tiene suficiente.

viernes, 1 de abril de 2011

EN LA TERMINAL

PARTE I

Recostarme en el gran sillón del local en épocas de novato era peligroso, podía quedarme dormido como un bebe hasta el final de mi turno sin darme cuenta, pero ahora luego de tantas madrugadas había logrado entrenar mi organismo para resistir el aburrimiento y la monotonía del trabajo rutinario, aunque durante los 8 meses que llevaba trabajando jamás me resistí a la tentación de cruzar el pasillo y entrar en la zona de fumadores para matar un poco el tiempo.
Axel, el nuevo, trata de aprender a manejar la caja registradora, es flaco como una escoba, con cabellos lacios que le cubrían la frente, pequeño casi minúsculo y unos ojos de sapo enormes  que completaban su apariencia de renacuajo; a su lado esta Patricia, cabellos morenos, unos ojos claros preciosos que cuando te miraban sentías como todo su cuerpo curvilíneo lograba transmitir energía con solo una mirada, su paciencia llega al límite y hace un gesto con su mano pidiendo socorro, nunca he dudado de su belleza, algo debe haber dentro de mí que no me permite mostrarle más que caricias y besos apasionados, pero nunca amor. Me incorporo, estiro mi uniforme y antes de que pueda dar el primer paso siento su mano aprisionando la mía, escuché su voz, sólo la escuché, necesité que repitiera la frase para dejar de fantasear y entender lo que cantaban sus labios.
-¿Cuánto tiene que pasar para que dejes de tener esa cara de puberto?- maldición esos ojos deben de perder su poder sobre mis extremidades algún día, me quedé quieto- No me digas que no me reconoces, vamos Arturo, no ha pasado tanto tiempo.
-Jimena Castro, algún día cambiaré mi cara de puberto, pero esos dientes de conejo parecen incorregibles en ti. Han pasado muchos …. – no pude terminar la frase
-digamos que ha pasado lo suficiente, ¿a qué hora terminas?, pensé que podríamos tomarnos un café.
-Por supuesto que no, pero te acepto un helado, trabajar en una cafetería termina volviéndote alérgico a esa bebida- era mentira simplemente quería alejarme de mis compañeros, en realidad quería alejarme de este planeta y quedarme con esa chica de mirada tierna, cabellos castaños y sonrisa decorada por el trabajo incompleto de algún odontólogo.
Nos sentamos, ella pidió un helado y yo pedí una hamburguesa, por un instante solo la miraba, trataba de no arruinar el momento con alguna pregunta estúpida o un comentario que acabara con esa calma que se respiraba a su alrededor.
-¿Has dejado de amarme, Arturo?- parece que ella no pensaba lo mismo.
-No, ni un solo día…

…..

-sí, ¿quién es?
-buenos días Doña Lucrecia, soy Arturo.
-ah, sube hijo, Manu está durmiendo.
La puerta de metal se abre y subo hasta el 3 piso, entro en el departamento 304, camino con cautela, abro la puerta del dormitorio de Manuel y le tiro la pelota en la cabeza, el grito de dolor despierta a Gonzalo que duerme en el camarote superior, el hermano mayor de la familia Castro me maldice entre sueños.
-Levántense de una vez, los muchachos nos esperan en la esquina, apúrense que la cancha se llena rápido los domingos, ya saben.
-¿tú no tienes en cuenta la resaca, no?- Gonzalo se revolcaba intentando volver a dormir, jalé las dos sabanas que lo cubrían y fui a la sala a ver televisión mientras se vestían, como ya era costumbre, ella había escuchado mi lucha contra sus hermanos y estaba sentada en la sala con la pijama más provocativa que alguien pueda imaginar.
-Buenos días- se acercó y procurando que yo sintiera todo su cuerpo mientras me besaba me apretó contra ella, la besaba embriagándome con el olor de su cuerpo recién levantado, mi adolescencia estaría marcada por las fantasías creadas durante esos minutos entre que entraba a su casa y salía junto a sus hermanos, nadie nos podía ver, era prohibido, estaba mal, en ese instante todo cambió, ese fue mi error, la acostumbré a lo prohibido, logré que no viera en mí nada más que una sombra, una fantasía que solo vivía en las nacientes mañanas de domingo. Nos separábamos cuando escuchábamos a sus hermanos salir de la habitación.
 El domingo continuaba llegábamos a las canchitas del barrio, eran una seguidilla de losas deportivas algo matadas por el tiempo y animada por la bromas y vivacidad de los jóvenes que la mantenían con vida cada fin de semana, las canchas de San Pedro.
-Tú sabes que ahora a Gonzalo le dicen bajo
-¿Por qué?- preguntaban nuestras voces en coro
- Porque solo acompaña, pero no puntea- las risas eran efusivas, teníamos que matar el tiempo hasta que las canchas se desocuparan, era fácil saber cuál sería la primera en caer; la de los “resaqueados”, era ese grupo eterno e incansable que venía después de unas pocas horas de sueño o directo de la cantina del “Tomate” Aguilar, a dar lastima y  darle uso a los baños malolientes de las canchas, cuando estos terminaban botábamos a los menores que intentaban entrar en la cancha recién despejada con patadas e insultos y jugábamos hasta el mediodía, éramos dos equipos de 5 jugadores cada uno, aunque jugábamos los mismos equipos durante casi 5 años al final los dos equipos casi sin despedirse tomaban rumbos distintos, en mi caso: Manuel, Gonzalo, Chepe, Julio y yo. Al salir me cruzaba con el papá de los Castro, esa era mi segunda señal del domingo, en ese instante me separaba de mi grupo, corría hasta mi casa me bañaba e iba al parque Dos de mayo cerca del mercado, cerca del árbol más torcido del parque sentada con un vestido precioso estaba ella, me recibía con un beso y me recordaba de los pocos minutos con los que contábamos antes que su madre regresara del mercado, fugaz, así éramos, besos con amor y velocidad, éramos pólvora al sol, listos para estallar, éramos la ilusión que jamás se debe perder.

De vuelta en mi casa comía apurado y encontraba a mis amigos en la casa de Chepe, su casa tenía dos pisos y una azotea donde nadie nos molestaba y desde donde podíamos ver nuestro reino, nuestro barrio.
-¿Algún día sabremos a dónde te vas todos los domingos tan rápido y misterioso?- la curiosidad de Julio era entendible llevaba un año haciendo eso, siempre poniendo como escusa, una visita o un mandato de mi madre, tenía que despistar a sus hermanos como sea, solo me quedaba hacer la jugada de siempre.
-Ustedes saben cómo es mi “viejita”, invítenme algo de cerveza, ¿no?- el vaso corría, eran las ventajas de estar en la casa del dueño de la bodega del barrio, nunca faltaba nada. Ya se estaba poniendo el sol y las copas ya habían hecho estragos en nuestros cuerpos, era el momento de las verdades y las bromas, aparté a Manuel a un lado, era mi mejor amigo y a él tenía que responderle.
-Nos vamos a ir a Francia a fin de año- no me dejó decirle nada, me abrazó y me juraba que jamás dejaríamos de ser hermanos, estaba aguantando las ganas de llorar en mi hombro, nos acercamos a los demás y mientras los hermanos nos contaban la historia acerca de cómo su padre consiguió trabajo gracias a un tío que vivía allá, yo solo pensaba en la chica del vestido que me esperaba los domingos, algo dentro de mí se aseguró de nunca olvidar esa imagen.

domingo, 27 de marzo de 2011

"Agua de Coco"


PARTE  I

-¿puedo confiar en ti, Eduardo?- el adolescente que no había tomado en serio la conversación hasta esa instante, dudó.
-Claro que puedes confiar en mí, eres más que mi primo, eres mi hermano.
-Termínate tu cerveza que vamos a caminar un rato.
La noche loretana tiene un calor especial, el aura que rodea a cada uno de sus habitantes la vuelve oscura y tétrica a ojos foráneos, exótica a  ojos  inocentes, y también provechosa para los que saben cómo moverse entre las sombras de la selva peruana.
Dos jóvenes salen de “El perro” un local para beber y pasar el tiempo no muy lejos del malecón de la ciudad de Iquitos, caminan despacio, dejan que el alcohol haga efecto en el resto de su cuerpo, uno de ellos se detiene e increpa al otro.
-Te lo voy a preguntar por última vez, ¿puedo confiar en ti?
-Déjate de cojudeces y dime de una vez que sucede.
- Estoy jodido, primo, todavía no me toca, pero ya me tocará, no me puedo quejar nunca he tenido tanto dinero en mi vida, jamás he estado tan cómodo y a la misma vez, jamás he estado tan asustado.
-todo esto tiene que ver con Samuel, ¿no?
-¿Qué vas a saber tú? Eres solo un ñaño, no sé en qué estoy pensando.
-Son cosas turbias, ningún pelagatos como Samuel tiene la moto que tiene y usa la ropa que usa si no está en drogas o algo parecido, ¿me equivoco?
-Es tan sencillo hablar, ¿no es cierto? Tú no tienes idea de lo que tenemos que ver ni hacer, no puedes hablar de personas que venden su alma por mejores cosas materiales, eres solo un chiquillo engreído.
-Cálmate, Renato, que sabes muy bien que puedo partir.
El mayor de los primos lanza su puño como un balazo contra el rostro de Eduardo mandándolo al suelo, este no duda y se levanta, usando su cuerpo cual ariete derriba a su primo y comienzan un intercambio de llaves, golpes e insultos, la gresca llama la atención de un policía que se acerca y los separa.
-Ya carajo, los dos duermen hoy en el calabo..- Eduardo le conecta un golpe en la nariz y Renato lastima su rodilla, ambos corren hasta que les duelen las piernas y ya están lejos caminando en alguna calle aún sin pavimentar, el menor recupera el aliento.
-Quiero participar, quiero ser parte, no me importa el precio que tenga que pagar, si tú me necesitas no me importa ir al mismo infierno a trabajar contigo.
-Gracias, pero para cuando esto termine, vas a desear mil veces el infierno a trabajar en “Agua de coco”
….

El mediodía norteño, abrazante, La inocencia, manipulable, la pureza, tristemente irrecuperable. La peluquería ubicada cerca de la plaza de armas de Piura, tiene un nombre rimbombante, con fotos de modelos extranjeras en todas las paredes, los espejos que recorren las paredes de extremo a extremo muestran a Susana Belaunde, la dueña del local y l
-Solange, cuéntame, ¿alguna vez te han dicho que podrías ser modelo?
- qué cosas dices, Silvia, soy muy pequeña para compararme con esas chicas de las fotos.
-bueno, yo trabajo con muchas modelos, no acá porque este mercado está lleno de piojosas sin gracia, pero si tú quieres podrías trabajar conmigo.
-tú sabes que tendría que pedirle permiso a mi hermana y eso de salir de la ciudad está bien difícil, no tengo plata ni para hacerme un planchado.
-piénsalo, salimos el viernes, solamente pagas el pasaje de ómnibus y no te preocupas por nada más, imagínate la alegría de tu hermana cuando vea que su pequeña Solange trae un poco para el diario.
La adolescente duda un momento, entierra la mirada en el trabajo de la peluquera que parece olvidar la proposición y se enfrasca nuevamente en su labor de estilista, al terminar la niña camina a lo largo de la plaza de armas y recorre la calle de la marina, dobla un par de esquinas y llega hasta su hogar, su hermana aún no llega, es su tarea preparar el almuerzo con lo poco que hay en la cocina, comienza a picar las verduras y el pollo, “no puedo más”, grita dentro de sí a la vez que deja el cuchillo a un lado, sube a su habitación, introduce la mitad de su cuerpo debajo de su cama y extrae una caja de zapatos vieja, desliza su mano sobre la tapa y se sienta a un lado de la cama con la caja en las piernas comienza a llorar en silencio, los jadeos son cortos y violentos prefiere recostarse y abre la caja, una a una saca las fotografías de una familia feliz, unas niñas con vestido de marinera, una señora recostada al borde una piscina y muchas otros momentos enfrascados en la inmortalidad por alguien en un momento que pensaron se repetiría sin conocer lo cruel del destino y la muerte. Solange coge la maleta marrón maltratada por el tiempo, la única de la casa, mete las pocas prendas que le pertenecen y sin dudarlo cruza la habitación y en una hoja de papel escribe algo al vuelo.

Cansada del trabajo, agobiada por la rutina inclemente del día a día Milagros entra en la casa, coge el plato de comida que Solange a dejado cerca de la hornilla, se detiene por un instante y mira la hoja de papel sobre la cama, la lee por un instante, su corazón se estruja y la manda de espaldas hacia la cama, nueve palabras condenaban el destino de su pequeña hermana, “Voy a buscar un futuro mejor para las dos”.

-¿Qué mierda quieres, Renato?- el hombre detrás del escritorio plagado de papeles y billetes de distinta denominación lo mira esperando una respuesta placentera, el puro en su boca completa su uniforme de hombre de negocios oscuros, podría sacar una pistola y nadie se sorprendería, su cabeza rapada solamente afirman lo indecente de su alma, el hombre regordete se irgue en su silla, mete las manos en los bolsillos y amenaza con los ojos.
-Él es mi primo, Eduardo, es el nuevo “guardia”- Renato no sabe que más decir, le pidieron alguien de 1.80, robusto y con sangre fría, Eduardo solo respondía a los dos primeros adjetivos.
- Es un mocoso, no tiene los huevos para este trabajo, tráeme a alguien que se sepa limpiar el culo.
Los primos dudan un momento, el siguiente movimiento decidió el futuro de ambos, desencadeno los trágicos hechos de ambos, entrego sus almas a un abismo, Eduardo botó todos los papeles que logró mover con su brazo derecho y con el izquierdo clavó una navaja en el escritorio del estereotipo de mafioso enfrente de ellos.
-Tal vez no tengo los huevos necesarios, pero puedo dejarte sin los tuyos.
Enrique, se tira para atrás y pone las manos detrás de su cabeza, lo mira y por unos cuantos minutos su cara no tiene expresión alguna, sus ojos están clavados en el adolescente insolente que acaba de arremeter contra sus papeles, de pronto una sonrisa agrede su rostro, pone su rostro cerca de su agresor y le susurra al oído, “pones los papeles donde estaban y pides tu uniforme con Ramón, tienes lo que se necesita, pero vuelves a hacer una cojudes así y volverás a ser un puberto”, Él más joven de los Cansino obedece y guarda el puñal, se retira con su primo y antes de salir por la puerta agradece la oportunidad.
-Bueno eres un huevón con mucha suerte o Enrique prefiere matarte lentamente, como sea, gracias por todo esto primito.- Renato coge a su primo por el cuello y le aplica una llave, el juego seguía su curso normal hasta que el destino jugó su rol primordial y entregó un poco de vida al recién llegado, un hombre igual de grande que ellos tenía a una chica sujetada por las muñecas, la arrastraba hacia las escaleras al final del pasillo, la chica solo lloraba, pedía su libertad, no era mucho mayor que Eduardo, cosa que lo sacudió hasta la médula, la escena solo duró unos cuantos segundos, después, silencio absoluto entre los primos.
-¿qué rayos hacen acá, Renato?
-esto es un prostíbulo, esto es “Agua de coco”, esto es el infierno, aquí no existen las almas, solo el dinero.
El calor de la noche los abrazó por un instante, el mayor de ellos no podía levantar la vista, su mirada se perdía dentro del piso de material noble, su respiración era acelerada, Eduardo entendía que acababa de vender su alma.

domingo, 13 de febrero de 2011

Retrato de una mente psicópata

“Lo primero que deben saber sobre mí es que soy un asesino, no lo hago porque crea que hago una labor divina ni por un odio xenofóbico, no solamente lo hago por entretenerme, lo considero un arte; lo segundo, escribo esta nota con el único propósito de alcanzar la comprensión, el entendimiento de parte de la gente hacia mi obra, esa es mi obsesión; tercero, no me considero un psicópata, porque un psicópata lo hace por el placer de matar, en cambio para mí, matar es solo un medio para encontrar mi lienzo, es solamente la primera parte de mi obra, luego dibujo con un bisturí ( me gusta considerarlo mi pincel) sobre sus cuerpos inertes lento y pacientemente para conseguir el acabado perfecto en los cortes gracias a su rigidez, ¿lo ven?, es arte no un simple fetiche, no soy otro demente, soy un artista único en mi clase; cuarto he esperado tanto tiempo para mostrar mi colección porque tenía que encontrar los lienzos perfectos, la mayoría de los lienzos de mi colección son mujeres jóvenes que contacte en el gimnasio, la firmeza en los músculos era primordial, pero también hay hombres en mi colección, me pareció importante la variedad, sé que sabrán apreciarlos mis gustos personales jugaron un rol importantísimo en la selección de los mismos.

Es hora de hablarles sobre cómo inicié esto, hace poco menos de 2 años mientras cocinaba al lado de mi pareja le cause un pequeño corte en la mano, al principio no le presté atención pero poco a poco me di cuenta que la cicatriz era uno de los trazos más bellos que había visto, me comencé a obsesionar con la idea y sin darme cuenta durante nuestros encuentros sexuales procuraba hacer una herida en algún lado de su cuerpo, hasta que finalmente sin darme cuenta le había cortado la yugular causándole una hemorragia y la muerte, mientras pensaba en que hacer arrastre el cuerpo hasta el sótano que había sido acondicionado y era un gigantesco congelador donde guardábamos carne y otros alimentos, quien iba a sospechar que ese sería el lugar de mi inspiración, casi de forma impulsiva comencé a dibujar trazos con el mismo cuchillo con el que ataque en primer lugar, al terminar me di cuenta que eso era lo que quería hacer con mi vida, quería ser artista.

No pienso relatar la historia detrás de cada una de mis obras porque les quitaría el misterio, les quitaría el alma, además lo periódicos y la televisión sabrán hacerme buena fama, también sé que ellos contactarán a críticos de arte y poco a poco me ganaré un nombre, algún día viviré para siempre, escucho el sonido de sirenas cada vez con más frecuencia, sé que ya saben de mí, y sin darme cuenta he seguido un patrón, por lo que en cualquier momento deben entrar, algún día viviré para siempre, pero por ahora solo debo terminar de pintar mi obra número 20, es una bella joven, alta, delgada, unos ojos preciosos, lástima que perdieran su luz hubieran enaltecido mi obra final, pero estoy bastante contento, algún día viviré para siempre, hoy tomaré el veneno que está en un vaso cerca mío, solo bastarán 30 segundos para morir, nadie es famoso mientras está vivo,  he colgado mi última obra en la pared, sé que tal vez no me comprendan al principio, pero se tarde o temprano alguien me recordará por esto, y seré inmortal...."