El humo sube, las flacas bailan al compás de la música, mis sentidos se dispersan, la noche se alarga, es otro viernes en el hueco solo el destino sabe que se vendrá…
El gordo me cuenta sus cosas al oído aunque sabe que todos lo escuchan, la música no permite intimidades, el alcohol suelta la lengua y ameniza a los concurrentes, el guapo saca a una chica bailar ésta acepta, los cuerpos se mueven, la música los envuelve al igual que el humo, los distingo, Walter se burla con una mímica, todos ríen, mi mente divaga entre la última imagen que recuerda, ella se iba de la mano con él, no lo conozco, no sé cuál es su nombre, solo sé que lo odio por alejar de mí a esa persona, me tomo todo el licor de golpe, esa es la única salida de este laberinto, ella me sonríe, no es por quién yo tomo, pero es bien bonita tal vez más bella que aquella que me atormenta, no lo sé solamente espero que ella se me acerque, coge mi mano y bailamos, no es ella, pero basta para olvidarla por un momento, es una más. La he visto en mis ahora más constantes anocheceres en el billar de la universidad, no voy a mentir es muy bella, su delgados labios, su esbelta figura, sus curvas pronunciadas encantan al caminar, entonces porque solamente quiero beber, la dejo ahora es asunto del gringo, su amiga me sonríe, el mismo proceso que con su amiga, nos miramos corto rato, cuando ponen una canción que requiere un poco más de contacto físico me acerco, ella accede a bailar, la noche toma una imagen más turbia, su cabeza en mi hombro, “ella se arrebata, bata bata ….”, la música me hipnotiza y solo puedo besarla, lo hago, su aliento a licor es tan fuerte como el mío, yo sé que mañana ni siquiera le importara quien esa persona que luego de un poco de danza vulgar cogió entre sus brazos y apretó contra sus labios, rio con ese pensamiento se la dejo al chato, ella ni siquiera nota la diferencia solamente sabe que la está pasando bien, admitámoslo, eso es lo único que nos importa a todos, el espacio es reducido, es el hueco basta con que tengas 2 metros para beber y bailar, veo al Rojo bailar con Isabel, está enamorado, mejor no molestar, le cojo el hombro en señal de buena fe, yo sé que ella no lo quiere solamente quiere pasar el rato al igual que todos, pero dejémoslo, está muy cerca de besarla, ella se empina para juntar sus labios con los de él, yo solo miro sé que mañana yo tendré que consolarlo porque ella solo ve en él una aventura. La caja de cervezas comienza a terminarse, es la sexta, somos muy pocos como para evitar picarnos o eso me parece a mí, siento la mano de cristo mientras me dice al oído, ahí está cholo, con un gesto le digo que se aventure, que yo le ayudaré y sacaré a bailar a la nada agradable amiga que está a su lado, todo sea por el corazón de un amigo, él accede, nos dirigimos hacia ella cuando un chico alto, de porte atlético, tal vez de la selección de futbol, me parece conocido, la abraza y se queda con ella, hasta el fondo hermano, cristo ahoga las penas de la misma forma que los que estamos aquí reunidos, como voy a amanecer con otra mujeeeeeer, repite el estéreo, la música me tortura o eso pienso yo, toma hasta el fondo, flaco, esto es lo que se hace para olvidar los males, dicho sea de paso, esa flaquita está que te mira hace rato, yo la conozco, está en mi clase de análisis político, desde el primer día me pareció simpática, sus ojos picaros me examinan mientras toma el vaso de cerveza que está entre sus finos dedos, su nombre ahora no lo recuerdo, estamos cerca de acabar la octava caja, es el cumpleaños de el “cuy Montoya” es motivo para celebrar y gastar mucho dinero en bebidas, el Loco me sirve demasiado, le reclamo, es para que agarres valor para bailar con la guapa de análisis político, responde, un coro de risa me aturde, lo abrazo sé que solo es una broma, pero que si no me apresuro quedaré lejos de tener alguna posibilidad, ella se acerca casi sin querer, me mira, yo sonrió, ella me roza la mano, el Rojo me empuja, ella me recibe como un paquete que tiran cerca, hola!, su saludo me aturde, hola, consigo responder, el bailar llego casi de inmediato, la ebriedad me dota de una destreza para el baila casi mágica, terminamos cerca de las mochilas, escondidos tras el armario que está en la esquina, siento sus manos por todo mi cuerpo, es el hueco todo puede pasar, le respondo susurrándole al oído cosas obscenas, nos dirigimos al baño, no hay nadie y el camino es oscuro, entramos, la desvisto con mucha destreza, me quita la ropa, el tramite esta completo, hacemos el amor sin importar el hecho de que casi ni nos conocemos, ella me besa, yo beso a alguien más mientras la tengo entre mis brazos, su piel se eriza el momento del orgasmo está cerca, todo termina tan rápido como comenzó, ella necesita tiempo para vestirse, salgo y un grupo de hombres que ni siquiera conozco me felicita, bien chibolo, la mataste, tu si sabes, seguramente fueron testigos auriculares de los gemidos que salían del baño, salgo lo más rápido que puedo de ahí, unas chicas se han unido a mi grupo de amigos tal vez alentadas por el licor gratis o por las ganas de terminar una noche loca con alguno de nosotros, una de ellas se me acerca, yo la conozco, está en alguna clase conmigo no logro recordar cuál, Mole susurra algo a mi oído no logro entender que es lo que me quiere advertir, bailo, Ámbar, la chica con la que estuve hace un rato en el baño me mira, veo como el Rojo prende el puro que Mole ha traído, el olor era penetrante algo repulsivo, tabaco en su más pura expresión, en ese instante alguien me empuja, descifro qué era lo que Mole trató de advertirme, la chica con la que estaba bailando era la enamorada de Zarigüeya, un pandillero que estaba cerca de la famosa “trica”, pero que aún era parte de la universidad, en ese instante recordé todo, ella era su mujer nadie podía tocarla menos un simple mocoso como yo que solo busca olvidar a un amor ahora lejano, la escena es espeluznante a los ojos de cualquiera, Zarigüeya tiene a sus subordinados detrás suyo, mis amigos se enfilan frente a ellos, pastrulos de mierda!, Gritan, maricones mancheros!, respondemos, el enfrentamiento inevitable acontece, el Zarigüeya se lanza sobre mí, la lucha se hace interminable, los demás asistentes al hueco huyen, veo como mis amigos poco a poco comienzan a ganar terreno, Mole aventaja a dos de ellos, es boxeador puede hasta con cinco sin siquiera pensarlo, los demás no se quedan atrás, el Zarigüeya me vencería en una pelea normal, pero está ebrio aun más que yo, logro tirarlo al suelo mis puños se hunden en su rostro, siento el roce de una navaja en mi brazo, el Colibrí otro pandillero se me acerca dispuesto a acabar con mi vida, de pronto el chato rompe con las pocas fuerzas que aún le quedan una botella en su cabeza, cae al instante, el Zarigüeya intenta reponerse, una patada lo deja inconsciente en el piso, Salomón, la seguridad del hueco a comenzado a repartir orden, nos saca a puños, la pandilla del Zarigüeya yace en el piso, mis amigos corren al escuchar la sirenas, un simple conteo y constatamos que nadie se ha quedado entre los caídos del hueco, es una victoria redonda, todos tienen como mínimo un hilo de sangre en la cara, otros se agarran las costillas, pero todos tienen una sonrisa en la cara, comenzamos a caminar en dirección al paradero, no recuerdo a ninguna chica de esta noche, solo a la que mi mente trae una y otra vez, siento el sabor de la sangre en mi boca tal vez procede de mi nariz o de mi boca, no estoy seguro, subo al bus con el Rojo, cogí mi brazo herido por Colibrí, nos reímos, bromeamos, la sangre aun está fresca en mis labios, es otro viernes en la noche, noche fria de invierno, es otra noche de hueco.
Damn u!! me encantoo !!!
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