jueves, 14 de octubre de 2010

Cuento sobre un mal de amores

Por un momento me detengo en medio del puente, observo la inmensidad del mar y la rendición del sol hacia sus olas, va desapareciendo de forma feroz y cautelosa, un constante derramamiento de energía mientras se esconde para dejar una oscuridad inmensa, mis pensamientos varían entre una serie de anécdotas, cumpleaños, aniversarios, sueños inconclusos, cuando de pronto puedo ser consciente de que ya deben ser las 8 de la noche, ha pasado más de 3 horas desde que detuve mi rutina de ejercicios hipnotizado por el mar miraflorino, ahora entiendo porque pusieron la seguridad extra en cada lado del puente la hermosura de estos atardeceres podrían hacer que cualquiera que se acercara al malecón balta se diera cuenta de lo irrelevante de su vida y tomara la fatídica decisión de saltar, realmente un sabio quien haya decidido poner “los anti-suicidas”, por un momento detuve mi mente y yo también se lo agradecí, en ese instante sentí como una mano me separaba del borde.
-sea quien sea, no vale la pena joven- era un hombre de edad, un señor con unos 65 años de edad, la edad le había pasado la factura con una serie de arrugas y canas,  vestía un buzo y detrás de él estaba una señora de la misma edad deduje de inmediato que debía ser su esposa.
-no se preocupe, señor, no estaba pensando en saltar, tal vez intente algo menos común- intenté dibujar una sonrisa
-no hables así, jovencito, la vida tiene muchas caras como para no disfrutarlas todas-la señora era más joven que el señor ahora que podía verla un poco más de cerca, tenía el pelo amarrado en una cola de caballo, también vestía un buzo y zapatillas, su rostro tenía algo que me tranquilizó y me distrajo de la vergonzosa situación en la que me encontraba
-como le repito señora, le agradezco su preocupación y le prometo que no intentaré un salto tan arriesgado ni ninguna otra clase de locura, estoy….    Bien- nuevamente intenté una sonrisa mal dibujada, la señora hizo un gesto de desagrado y se apresuró a interrogarme
-¿cuál es tu nombre?
-¿mi nombre? -dudé- me llamo Tomas
-bueno Tomas, yo soy Clara y él es mi esposo Fernando, me gustaría saber qué es lo que tiene tan triste, no es la primera vez que te vemos observar el atardecer, este debe ser el quinto día seguido, sino me equivoco.
No pude evitar el gesto de sorpresa ya que esa era exactamente la cantidad de días que llevaba viniendo a observar el atardecer, no desde tan temprano como hoy, pero era verdad ya era el quinto día de silenciosa observación al atardecer.
-jajaja, no te asustes muchacho, llevamos unos 35 años viniendo a correr al malecón lo más normal del mundo es que conozcamos a todos los que corren por aquí, el verte parado nos fue muy raro, pero ahora que puedo verte de cerca ni siquiera tengo que preguntar qué es lo te aflige, es el amor, el amor es lo que te tiene tan triste, disculpa mi indiscreción, Tomas, pero conozco muy bien tu mirada yo mismo alguna vez la tuve, pero esto no es la solución.
-disculpa a mi esposo, es obvio que todo no pasa de una desilusión, ¿no es cierto?
No dije una palabra, una ola de dolor me cortó la lengua momentáneamente
-mira Tomas- dijo Fernando mientras ponía su mano sobre mi hombro- ¿por qué no vienes a cenar con nosotros?- sacó una tarjeta y me la dio
-discúlpenme, pero yo vivo con alguien y dividimos el gasto de la cena entre los 2.
-bueno entonces jovencito tráelo también a él, los invitamos a ambos y no aceptamos un no por respuesta, siempre es un gusto hablar con un muchacho tan educado, te esperamos.
Ni bien terminaron, los dos emprendieron nuevamente la marcha como si fueran una sola persona, cruzaron la pista para perderse al doblar la esquina, agaché la cabeza, miré la hora y con paso acelerado me puse en marcha hacia mi casa.




Me detuve unos minutos frente a la puerta de mi apartamento, sostenía la tarjeta que me entregó Fernando, casi estaba seguro que la tiraría a la basura apenas entrara, pero hubo algo que me hizo guardarla, ni siquiera había dado el segundo paso dentro del apartamento cuando escuche los gritos de verónica.
-TOMAS, ESTOY APUNTO DE DESVANECERME, ¿puedes explicarme porque te has demorado tanto?
No piensen mal, verónica, es solo una gran amiga, la conozco desde la universidad, es un espíritu libre, su visión de la vida va más allá de lo que uno imagina, detrás de unos modales impecables y una conversación interesante está una chica que piensa en el mundo como algo a lo que uno se debe enfrentar, es común escucharla sobre sus criticas acerca de los usos y costumbres de una lima conservadora, intolerante e ignorante, me entretengo intentado sacándole argumentos y podemos discutir durante horas sin llegar a una conclusión, pero siempre terminando con un beso de parte mía o de ella en la frente diciendo: “ya, ya, ya, nunca vamos a llegar a un acuerdo realmente”, no somos muy distintos, nuestro pasado tenía tan poco en común y pensándolo bien el vivir juntos ha sido la mejor decisión que hemos hecho en nuestras cortas vidas, nuestra relación con nuestros padres era insostenible, los amamos, pero no era sano que nos quedáramos viviendo en la casa de ellos más tiempo, repartíamos los gastos de todo, la comida, las cuentas, las familias se conocían cual pareja de enamorados, pero éramos lo más cercano a hermanos que habíamos tenido así que siempre se desechó esa idea, ya vivíamos juntos durante siete años, habíamos logrado una simbiosis envidiable, me escuchó atenta sosteniendo una taza de café entre sus largos dedos, cuando concluí mi relato sobre la pareja de ancianos, ella sentenció con una alegría y vivacidad características.
-Ay, me hubieras llamado y ya hubiera estado cambiada para cuando llegaras para salir con las mismas, bueno báñate tú también que nos han invitado a comer, ¿sabes?, si nos invitaran a comer cada vez que terminas con esa tarada y pones ojos de borrego ¡oye no gastaríamos nada en comida!- le lancé un cojín que se estrelló con la puerta del baño.

….

Verónica era una chica como pocas, poco tiempo en la ducha, poco tiempo en su cuarto daban como resultado una mujer esbelta, unos rulos que cubrían su rostro de rasgos finos, unos ojos juguetones y una vestimenta digna de la ocasión, alguna vez había sentido una envidia sana por la suerte de alguna pareja suya, aunque realmente lo único que me diferenciaba de ellos eran los beneficios amatorios, su orden era lo que mantenía el apartamento en pie, desde hace mucho que éramos consientes que aunque repartiéramos los gastos a la mitad mi sueldo superaba al suyo en mucho así que ella era la encargada de administrarlo todo en la casa, inclusive regalos y tarjetas para familiares míos en ocasiones olvidados, esta noche no fue la excepción, ella tuvo la idea de llevar una botella de vino en agradecimiento a la invitación, jamás se me hubiera ocurrido.
No sufrimos en encontrar la dirección, quedaba cerca de nuestro departamento enfrente del club terrazas, la casa se encontraba entre un par de edificios que la hacían ver más pequeña de lo que era realmente, yo dudaba en si tocar el timbre o regresarnos por donde vinimos, estuvimos parados unos minutos afuera estudiando nuestras opciones.
-bueno, Tomas, yo me muero de hambre, me he vestido para la ocasión, y los tacos van a comenzar a hacer efecto, tú decides.
- si me tratas así, obviamente es común que todos piensen que somos marido y mujer.-nos reímos en voz alta durante un rato al recordar un chiste privado, de pronto la puerta de la casa se abrió, Fernando, quien vestía camisa y pantalón de dril, sostenía lo que parecía un cigarrillo en la mano nos invitó a pasar; dentro, la casa estaba llena de fotos, la mayoría eran imágenes de la pareja en lugares exóticos, con gente famosa de la farándula local e internacional, en una zona un poco más alejada de la sala estaban las fotos con políticos controversiales, Verónica encontró una foto que llamó su atención, era una en la que se veía a la pareja junto al director general de Greenpeace al cual ella admiraba desde hace años, la sostuvo durante un rato, yo me entretuve con un elefante blanco que estaba en el medio de la sala sobre un mesa de vidrio, Fernando había bajado por unas escaleras apenas nos invitó a pasar, Clara entró con una olla humeante y se detuvo al vernos tan entretenidos con la decoración.
- Fernando, apúrate que los bebes van a romper algo pensando que son juguetes- se rió y continuó su camino hacia el comedor donde depositó la olla, me ofrecí a ayudarla con la mesa, ella accedió, ya dentro de la cocina elogió la belleza de Verónica y mi buen gusto, yo negué entre sonrisas la suposición, luego de siete años de convivencia te acostumbras a esa clase de deducciones, nos sentamos en una mesa grande pero adecuada para los cuatro, era un esquicito arroz con pato, discutimos acerca de temas diversos como donde estudiamos, en que trabajábamos, que nos parecía el gobierno actual, hasta que de pronto Fernando, como si ya no pudiera más, preguntó:
-bueno, puedes explicarme si es que ustedes nos son pareja, ¿por qué rayos estas tan triste si vives con una chica tan despampanante? O es que acaso ¿el guardar tus sentimientos es lo que te tiene de esa forma? Hijo, explícame, me mata la intriga.
Las risas fueron fuertes y efusivas, Clara cogió la mano de su esposo y le dijo al oído, “solo son amigos” y luego dirigiéndose hacia nosotros nos preguntó, ¿podrías explicarnos quién es la razón de tu dolor?, hubo un largo silencio, Verónica entrelazo su mano con la mía y recostó su cabeza en mi hombro, tomé una bocanada de aire y comencé:
- hace una semana terminé una relación de 4 años y medio con una chica que conozco desde la infancia, no recuerdo un solo momento de mi vida en el que no hubiera sentido por lo menos un poco de atracción hacia ella, cuando tenía unos 16 años aproximadamente me declaré…

….

Recuerdo cuando ella me dijo que ella también sentía algo, pero que su padre le había prohibido tener cualquier tipo de contacto con los chicos hasta los 18, le propuse ser enamorados en secreto ella se negó, su respeto y amor por su padre la llevó a ni siquiera pensar en mi propuesta, decidimos esperar el tiempo que fuera necesario, pero durante el transcurso de los años nos alejamos, yo ingresé a la universidad y un mundo se abrió ante mí,  conocí a muchas personas y el recuerdo de esta chica me retorcía el estomago debido a la fidelidad a mi parecer tonta hacia la promesa con sus padres, entablé una relación con otra persona, me cansé de esperar a esa chica que jamás tendría el valor de tomar un riesgo por mí, con esta nueva chica, Sandra, apareció no solo una parte de Lima y del mundo nocturno que no conocía, sino también una parte de mí mismo que nunca pensé encontrar, fueron 2 años de locuras a su lado, borracheras, noches de fiesta, sexo sin control, viajes que se decidían ese mismo día, mi vida paso muy rápido durante esos dos primeros años de universidad, pero nunca me olvidé de la chica de la que hablé al comienzo, hablaba ocasionalmente con ella, lo que realmente me atrajo de Sandra fue que no le tenía miedo a nada ni a nadie vivía la vida al máximo, compensaba la especie de celibato que había llevado durante esos dos años de espera, luego de esos dos años de relación en el momento en que nos iba mejor que nunca decidí terminar, me sentía vacio, decidí regresar donde la chica de la que hablé al principio y cuando doblé la esquina de su casa la vi junto a quien debía ser su enamorado, abrazada de él, sus labios danzaban, era más bien un ataque por parte de él, no volví a hablarle, el dolor me carcomió mucho tiempo, las juergas y las aventuras de una noche continuaron, trataba de ahogar el dolor. Pero todo cambió el cuarto año de mi carrera, ese año conocí a Carolina, era lo opuesto a Sandra, pero a la vez era diferente a la primera chica, tenía una visión de la vida muy tierna, siempre afrontaba los problemas con una sonrisa, nunca dejaba que la vieran triste, adoraba tener tiempo para ella, no le importaba mucho lo que los otros opinaran, pero su opinión siempre tenía algo mordaz, sin ánimo de idolatrarla, era digna de ser escuchada, apegada a sus ideas, me cautivó y logró animarme durante un tiempo, estuve 3 años con ella, mi vida bajó mucho de revoluciones, mis fines de semana antes plagados de fiestas y drogas, cambiaron a salidas al cine, al teatro o simplemente caminar por la playa, recobré el amor por esa vida tranquila y sana, por describirla de alguna manera, que alguna vez tuve, durante los siguientes años todo fue una rutina agradable y pacífica, hasta que un buen día simplemente me harté, exploté, estaba asqueado de ella, algo en su forma hipócrita de ver el mundo siempre me ató. Ella fue la forma de redimir mis pecados durante esos dos años con Sandra, pensé que estando con ella curaría el dolor por mi primer amor, pero no fue así, recuerdo que estábamos sentados en el mueble de su sala y luego de escuchar su opinión sobre un amigo en común simplemente no pude más, me levanté, caminé hasta la puerta, salí casi corriendo, recuerdo que decía algo mientras me iba, nunca supe que fue, esa fue la última vez que la vi.
Dudé un instante en continuar, verónica escuchaba mi monologo, el cual conocía de memoria ya que había sido fiel testigo de él, el matrimonio había prendido un cigarrillo de marihuana, se tomaban de la mano con ternura, me miraban ansiosos como si esperaran algo de más mí ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué les estaba contando la historia de mi vida a este par de extraños a los que solo conocía desde hace unas pocas horas atrás?, algo en los ojos de Fernando me hizo continuar, era la mirada de un padre preocupado mientras su hijo le cuenta su travesura del día. Bajé la mirada hacia los cabellos de verónica y seguí:

Después de terminar con Carolina no fui inmediatamente corriendo a los brazos de la chica de la que hablé al principio, pero tengo que admitir que no la había olvidado ni por un día durante todo ese tiempo, aunque no hubiera hablado con ella desde la tarde en que la vi en los brazos de su enamorado, entendí que no era sana tal pasión, decidí estar solo durante un tiempo, pero nunca lo estuve, el recuerdo de ella, de aquellos días mientras éramos unos adolescentes me seguían desde que amanecía hasta que me acostaba, ese año me mudé con Verónica, la convivencia siempre ha sido fácil, se podría decir que hasta nos complementamos, pero siempre hubo algo dentro de mí que me arrastraba hacia un hueco enorme en el medio de mi cama, era un vacio como si algo estuviera faltando, como si algo estuviera pendiente en mi vida, fueron 2 años de vivir en un estado vegetativo.
Volví a detenerme, en ese instante, Verónica ensayó un suspiro, tal vez recordando cómo fueron esos años, ella siempre me comprendió y trató de ayudarme, pero había una línea que no traspasaba porque sabía que si yo no la superaba solo nadie lo iba hacer por mí, el humo nos rodeaba supongo que ya estaba un poco “horneado” cuando comencé con la ultima parte del relato.
Justo cuando estaba a punto de resignarme a vivir entre los pensamientos y recuerdos de un pasado que jamás fue, me la encontré una noche, estaba con Verónica y un grupo de amigos en un bar de la molina, yo no me había percatado, pero al parecer había una chica en la barra que me observaba hacia ya buen rato, no le tomé importancia hasta que una amiga me dijo que la chica se acercaba hacia nosotros, se abrió paso entre el grupo que estaba reunido cerca mío y sin importarle lo ilógico de su reacción, me abrazó, la envolví con mis brazos, había soñado tanto con un momento así que por un instante pensé que estaba dentro de otra fantasía, nos quedamos hablando toda la noche, nos separamos de nuestro grupo de amigos, cuando nos dimos cuenta eran las 6 de la mañana y solo quedaban unas pocas personas en el local, la acompañé hasta su casa aun vivía donde siempre, me pidió que me fuera porque nunca había regresado tan tarde a su casa, me negué y le dije que no me iría porque no soportaría volver a dejarla, la tomé entre mis brazos y la besé, sabía que me arriesgaba a una cachetada y efectivamente, la recibí, pero no me importó y la volví a besar, esta vez ella siguió mis labios, puso sus brazos sobre mi cuello y nos quedamos allí un largo rato, la dulce temperatura del amanecer nos envolvía, cuando escuchamos el sonido de su puerta nos separamos cual chiquillos asustados “Tomas, que gusto volver a verte hijo, mucho tiempo sin verte, ay me hubieras avisado que estabas con él, hijita, pero pasen como quien conversamos” su padre nos sorprendió, yo esperaba dentro de mí una reacción de esa clase, nuestros padres habían servido juntos en Ayacucho durante la década del 80, eran viejos amigos. Conversamos de todo,  me preguntó sobre mi carrera, sobre mi familia, en realidad parecía una charla de dos viejos amigos más que cualquier otra cosa, Cecilia, había estado a mi lado todo el tiempo mientras tomábamos desayuno, nos reíamos los 4, su mamá se nos unió al poco rato, cuando eran las 10 de la mañana, Verónica me comenzó a llamar desesperada porque me había desaparecido y no daba señales de vida.
-          Ojala te hubiera pepeado y dejado calato en la costa verde, hubiera sido mejor que verte regresar con esa cara de descerebrado.- Vero alzó la cabeza y dibujó una sonrisita burlona luego hizo un gesto invitándome a continuar
Bueno, la relación fue hermosa durante los primeros dos años, sentíamos que estábamos recuperando el tiempo perdido, nuestras vidas eran tan  distintas y tan familiares que no nos costaba hablar sin perdernos en anécdotas, bromas y recuerdos en general, éramos felices hasta que hubo un punto crítico, hubo algo que no entendíamos, los recuerdos nos ataban, pero el presente era otro, éramos dos completos extraños que pensaban que porque habíamos compartido un pasado el futuro nos sonreiría, la mayor mentira de esta vida – había comenzado a alzar la voz – los siguientes años los rompimientos se volvieron constantes, pero no lograba alejarme de ella, era enfermizo, estaba mal, todo terminó hace una semana cuando descubrí que me había sido infiel, fue una escusa para liberarme de ese suplicio, simplemente nunca quise admitir que había arruinado todas las relaciones que había tenido porque un fantasma me perseguía, porque no era capaz de asumir la verdad, el amor de toda mi vida era una gran mentira, había vivido enamorado de una ilusión y lo último que me quedaba era la soledad inmensa enfrente mío, en ese instante aparecieron ustedes y estoy aquí, ¡contándole mi vida y mis decepciones a un par de ancianos que han recorrido el mundo y me hacen sentir realmente mal porque han tenido una vida plena y hermosa viviendo enamorados, acostándose junto al amor de su vida todos los días para luego recoger a quien no ha tenido esa suerte en el amor que ustedes representan!

….


Estaba realmente molesto, iracundo sin un punto fijo de rabia, lo único que sabía era que quería traerme abajo esa casita de la pradera colocada entre dos edificios, Verónica me apretó la mano y me miraba preocupada, Clara y Fernando tenían una sonrisa de satisfacción, era la sonrisa de alguien que ha logrado su buena acción del día, me dio una repulsión e hizo que tuviera ganas de partirle la nariz a Fernando de un puñetazo, no hubiera sido difícil, pero me contuve, Clara se sirvió un poco más de vino y Fernando prendió otro cigarrillo, el silencio no era incomodo, era algo normal algo que debía ser, me percaté que estaba agitado, un sentimiento de dolor recorrió mi pecho, Fernando se levantó y nos invitó a seguirlo, nos levantamos  y volvimos a la sala de las fotos, él cogió una con las manos, la foto había pasado desapercibida en un instante, me pareció extraño ya que estaba colgada en el medio de la pared no tenía ningún adorno, pero la sola posición de la fotografía  indicaba que tenía una importancia entre los recuerdos de la pareja.
-¿quieres saber que acababa de pasar cuando tomaron esta foto?- me lo dijo mientras me la acercaba
- Fernando, ¿me estas tomando el pelo? Por favor esta foto no puede tener más de dos años- la fotografía mostraba a la pareja vestida elegantemente, había una persona con sotana a un lado y al fondo el sol se ocultaba en el mar, no tendría nada de raro si las personas que se acababan de casar no fueran nuestros anfitriones, la alegría que había en sus rostros era inconfundible, el amor irradiaba de la imagen congelada en el tiempo para siempre.
-en realidad esto fue hace un año atrás, ¿quieres que te cuente una historia para que veas que no te ha ido tan mal en el amor?- Clara había tomado la foto entre sus dedos y hablaba algo en voz baja con Vero mientras Fernando me ofrecía un poco más de vino


…..
Fernando Aguirre, era un muchacho adinerado y durante sus épocas de juventud, un iman de mujeres, su vida lo había vuelto una persona de corazón frágil, se enamoraba de la persona incorrecta con más frecuencia que la mayoría, él era en otra época un cantante muy conocido de boleros, viajaba de aquí para allá junto a su mejor amiga desde la infancia y agente, Clara Domínguez, Clara había visto sufrir y llorar los desamores de su amigo durante años y cada vez que alguno de los dos tenía problemas amorosos se embarcaban en un viaje a cualquier parte del mundo, nunca se habían besado, jamás habían tenido otra relación que no sea la de amigos y compañeros de trabajo, hasta que finalmente hace un año, a Clara le detectaron un problema y debía ser operada de inmediato, se necesitaba un donante, pero el tiempo no era el suficiente como para conseguir uno, como él me confesó, “no lo dudé ni por un instante, hubo algo en ese momento que me dijo que no podría vivir sin esa persona que me acompañó tanto tiempo, la amaba y jamás me había dado cuenta, ni bien pude verla de nuevo le dije que no quería tener más aventuras, quería vivir al lado de la persona que jamás me abandonaría y que tantas veces cuidó de mí, y aunque me haya costado mucho tiempo verlo ella era todo lo que necesitaba”. Se casaron en España una semana luego de la operación,   pasaron dos meses en las Bahamas y luego a una gira de despedida por Asia, el matrimonio era más feliz que nunca, habían pasado dos meses desde el retiro de Fernando de los escenarios y decidieron quedarse en su natal Lima y en su antiguo barrio de Miraflores, una semana después me conocieron a mí, dos semanas después de nuestra cena en parejas el matrimonio Aguirre murió, estaban dormidos, en su testamento nos pidieron que nos lleváramos unas cajas y la foto del jefe de Greenpeace.

….

Era domingo y obedeciendo la última petición de los Aguirre estábamos recogiendo unas cajas de discos y fotos de colección que nos habían dejado, encabezadas obviamente por la foto del director de Greenpeace para mi compañera de piso, habíamos cenado dos veces más junto a Clara y Fernando y durante ellas nos preguntaron si es que pensábamos estar solteros a los 40, no supimos que responder, la historia sentimental de Verónica no había sido menos tormentosa que la mía así que nuestros futuros sentimentales eran más inhóspitos que nunca, Fernando sentenció luego de analizar nuestros rostros de desconcierto, que si no estábamos con nadie a esa edad deberíamos casarnos, que sería un gran gesto de amistad, esa noche Verónica, durmió en mi cama, nuevamente les pido que no piensen mal, ella duerme en mi cama o yo en la suya durante las noches que nos quedamos conversando hasta tarde, la conversación trató un tema durante casi 5 horas, ¿cuál sería la diferencia de estar casados y de vivir de la forma en que lo hacíamos ahora?, el tema se dejó a un lado hasta la siguiente cena en la casa entre los edificios, esa noche otra pregunta de Clara desencadeno que yo me quedara dormido en la cama de Verónica, la dulce anciana nos preguntó, ¿Cuánto creen que demoraran en encontrar el amor de su vida, nosotros nos demoramos más de 50 años, ustedes los encontraran más rápido?. A la mañana siguiente nos llamaron para avisar del deceso del matrimonio, Verónica me abrazó largo rato cuando se lo conté, cuando fuimos a recoger las cajas y otras regalos ninguno de los dos pudo contener una lagrima por el matrimonio que durante tres noches nos había servido una magnifica cena, nos había hecho reír a mares, bañado de su sabiduría, contagiado un amor por la vida muy jovial para sus cansados cuerpos y los más importante nos mostraron que el amor tiene mil facetas, mil formas, como diría Clara, tiene demasiadas caras como para no disfrutarlas todas, y que una caída es solo la pausa para mirar a tu alrededor y verificar si la persona correcta no ha estado a tu lado hace ya mucho tiempo…


Estábamos caminando a lo largo de la bajada hacia la playa de Miraflores, eran casi las 12 de la noche y la cálida brisa de una noche de verano nos envolvía, yo sostenía un six-pack con mi mano izquierda, Verónica estaba a mi lado, había pasado un año desde la ultima cena con los ancianos que cambiaron un poco más nuestra forma de ver el mundo, habíamos pasado frente a su antigua casa unos minutos antes, estaba idéntica, por un momento quise que Fernando saliera a recibirnos con un cigarrillo en la mano de nuevo, pero no lo dije, Verónica se ponía triste al recordarlos, mientras bajábamos por el camino de piedras ella tomo mi mano y me dijo sin mirarme:
-¿sabes, que?
-dime
-no quiero esperar tanto tiempo para encontrar a la persona de mi vida como ellos.
-yo tampoco-
Cogidos de las manos y sin decir una palabra nos perdimos en la espesura de la oscuridad mientras descendíamos a la playa, éramos dos figuras que se adentraban en la oscuridad, aferrados, juntos, esa dos figuras se pierden en una noche de verano bajo la noche de Lima

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