PARTE I
-¿puedo confiar en ti, Eduardo?- el adolescente que no había tomado en serio la conversación hasta esa instante, dudó.
-Claro que puedes confiar en mí, eres más que mi primo, eres mi hermano.
-Termínate tu cerveza que vamos a caminar un rato.
La noche loretana tiene un calor especial, el aura que rodea a cada uno de sus habitantes la vuelve oscura y tétrica a ojos foráneos, exótica a ojos inocentes, y también provechosa para los que saben cómo moverse entre las sombras de la selva peruana.
Dos jóvenes salen de “El perro” un local para beber y pasar el tiempo no muy lejos del malecón de la ciudad de Iquitos, caminan despacio, dejan que el alcohol haga efecto en el resto de su cuerpo, uno de ellos se detiene e increpa al otro.
-Te lo voy a preguntar por última vez, ¿puedo confiar en ti?
-Déjate de cojudeces y dime de una vez que sucede.
- Estoy jodido, primo, todavía no me toca, pero ya me tocará, no me puedo quejar nunca he tenido tanto dinero en mi vida, jamás he estado tan cómodo y a la misma vez, jamás he estado tan asustado.
-todo esto tiene que ver con Samuel, ¿no?
-¿Qué vas a saber tú? Eres solo un ñaño, no sé en qué estoy pensando.
-Son cosas turbias, ningún pelagatos como Samuel tiene la moto que tiene y usa la ropa que usa si no está en drogas o algo parecido, ¿me equivoco?
-Es tan sencillo hablar, ¿no es cierto? Tú no tienes idea de lo que tenemos que ver ni hacer, no puedes hablar de personas que venden su alma por mejores cosas materiales, eres solo un chiquillo engreído.
-Cálmate, Renato, que sabes muy bien que puedo partir.
El mayor de los primos lanza su puño como un balazo contra el rostro de Eduardo mandándolo al suelo, este no duda y se levanta, usando su cuerpo cual ariete derriba a su primo y comienzan un intercambio de llaves, golpes e insultos, la gresca llama la atención de un policía que se acerca y los separa.
-Ya carajo, los dos duermen hoy en el calabo..- Eduardo le conecta un golpe en la nariz y Renato lastima su rodilla, ambos corren hasta que les duelen las piernas y ya están lejos caminando en alguna calle aún sin pavimentar, el menor recupera el aliento.
-Quiero participar, quiero ser parte, no me importa el precio que tenga que pagar, si tú me necesitas no me importa ir al mismo infierno a trabajar contigo.
-Gracias, pero para cuando esto termine, vas a desear mil veces el infierno a trabajar en “Agua de coco”
….
El mediodía norteño, abrazante, La inocencia, manipulable, la pureza, tristemente irrecuperable. La peluquería ubicada cerca de la plaza de armas de Piura, tiene un nombre rimbombante, con fotos de modelos extranjeras en todas las paredes, los espejos que recorren las paredes de extremo a extremo muestran a Susana Belaunde, la dueña del local y l
-Solange, cuéntame, ¿alguna vez te han dicho que podrías ser modelo?
- qué cosas dices, Silvia, soy muy pequeña para compararme con esas chicas de las fotos.
-bueno, yo trabajo con muchas modelos, no acá porque este mercado está lleno de piojosas sin gracia, pero si tú quieres podrías trabajar conmigo.
-tú sabes que tendría que pedirle permiso a mi hermana y eso de salir de la ciudad está bien difícil, no tengo plata ni para hacerme un planchado.
-piénsalo, salimos el viernes, solamente pagas el pasaje de ómnibus y no te preocupas por nada más, imagínate la alegría de tu hermana cuando vea que su pequeña Solange trae un poco para el diario.
La adolescente duda un momento, entierra la mirada en el trabajo de la peluquera que parece olvidar la proposición y se enfrasca nuevamente en su labor de estilista, al terminar la niña camina a lo largo de la plaza de armas y recorre la calle de la marina, dobla un par de esquinas y llega hasta su hogar, su hermana aún no llega, es su tarea preparar el almuerzo con lo poco que hay en la cocina, comienza a picar las verduras y el pollo, “no puedo más”, grita dentro de sí a la vez que deja el cuchillo a un lado, sube a su habitación, introduce la mitad de su cuerpo debajo de su cama y extrae una caja de zapatos vieja, desliza su mano sobre la tapa y se sienta a un lado de la cama con la caja en las piernas comienza a llorar en silencio, los jadeos son cortos y violentos prefiere recostarse y abre la caja, una a una saca las fotografías de una familia feliz, unas niñas con vestido de marinera, una señora recostada al borde una piscina y muchas otros momentos enfrascados en la inmortalidad por alguien en un momento que pensaron se repetiría sin conocer lo cruel del destino y la muerte. Solange coge la maleta marrón maltratada por el tiempo, la única de la casa, mete las pocas prendas que le pertenecen y sin dudarlo cruza la habitación y en una hoja de papel escribe algo al vuelo.
Cansada del trabajo, agobiada por la rutina inclemente del día a día Milagros entra en la casa, coge el plato de comida que Solange a dejado cerca de la hornilla, se detiene por un instante y mira la hoja de papel sobre la cama, la lee por un instante, su corazón se estruja y la manda de espaldas hacia la cama, nueve palabras condenaban el destino de su pequeña hermana, “Voy a buscar un futuro mejor para las dos”.
…
-¿Qué mierda quieres, Renato?- el hombre detrás del escritorio plagado de papeles y billetes de distinta denominación lo mira esperando una respuesta placentera, el puro en su boca completa su uniforme de hombre de negocios oscuros, podría sacar una pistola y nadie se sorprendería, su cabeza rapada solamente afirman lo indecente de su alma, el hombre regordete se irgue en su silla, mete las manos en los bolsillos y amenaza con los ojos.
-Él es mi primo, Eduardo, es el nuevo “guardia”- Renato no sabe que más decir, le pidieron alguien de 1.80, robusto y con sangre fría, Eduardo solo respondía a los dos primeros adjetivos.
- Es un mocoso, no tiene los huevos para este trabajo, tráeme a alguien que se sepa limpiar el culo.
Los primos dudan un momento, el siguiente movimiento decidió el futuro de ambos, desencadeno los trágicos hechos de ambos, entrego sus almas a un abismo, Eduardo botó todos los papeles que logró mover con su brazo derecho y con el izquierdo clavó una navaja en el escritorio del estereotipo de mafioso enfrente de ellos.
-Tal vez no tengo los huevos necesarios, pero puedo dejarte sin los tuyos.
Enrique, se tira para atrás y pone las manos detrás de su cabeza, lo mira y por unos cuantos minutos su cara no tiene expresión alguna, sus ojos están clavados en el adolescente insolente que acaba de arremeter contra sus papeles, de pronto una sonrisa agrede su rostro, pone su rostro cerca de su agresor y le susurra al oído, “pones los papeles donde estaban y pides tu uniforme con Ramón, tienes lo que se necesita, pero vuelves a hacer una cojudes así y volverás a ser un puberto”, Él más joven de los Cansino obedece y guarda el puñal, se retira con su primo y antes de salir por la puerta agradece la oportunidad.
-Bueno eres un huevón con mucha suerte o Enrique prefiere matarte lentamente, como sea, gracias por todo esto primito.- Renato coge a su primo por el cuello y le aplica una llave, el juego seguía su curso normal hasta que el destino jugó su rol primordial y entregó un poco de vida al recién llegado, un hombre igual de grande que ellos tenía a una chica sujetada por las muñecas, la arrastraba hacia las escaleras al final del pasillo, la chica solo lloraba, pedía su libertad, no era mucho mayor que Eduardo, cosa que lo sacudió hasta la médula, la escena solo duró unos cuantos segundos, después, silencio absoluto entre los primos.
-¿qué rayos hacen acá, Renato?
-esto es un prostíbulo, esto es “Agua de coco”, esto es el infierno, aquí no existen las almas, solo el dinero.
El calor de la noche los abrazó por un instante, el mayor de ellos no podía levantar la vista, su mirada se perdía dentro del piso de material noble, su respiración era acelerada, Eduardo entendía que acababa de vender su alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario